Miembro fundador del ‘Grupo Trilce’ de Trujillo, autor de 40 libros y catedrático de distintas universidades alrededor del mundo, Teodoro Rivero Ayllón es una voz autorizada para opinar sobre la realidad de la producción literaria en el Perú. Con la experiencia a cuestas de casi 60 años en el universo de las letras, el escritor critica la falta de apoyo por parte del Estado Peruano para fomentar la producción literaria de las nuevas generaciones.
“Realmente hay generaciones brillantes de escritores, pero nos falta más estímulo, más protección para que haya producción. La producción literaria, así como otras producciones, requiere apoyo del Estado. Yo mismo he tenido que lucharla para publicar mis libros”, sostiene.
Rivero Ayllón recuerda que para publicar su libro ‘Víctor Raúl, periodista’, tuvo que correr con los gastos de edición que bordearon los 12 mil soles, suma que afrontó sin apoyo de ningún ente estatal. Si bien es cierto, el escritor ha publicado 40 libros, señala que aún tiene otros 10 libros que no ha podido publicar justamente por falta de recursos económicos.
Contrasta esta realidad con la de otros países como El Salvador, nación en la que estuvo en 1967 y de la cual se quedó sorprendido por su producción literaria. “Este país centroamericano produce mucha literatura porque hay apoyo del Estado. Aquí existe un consejo editorial que se encarga de publicar las mejores obras. Así se estimulan a los autores, pero aquí ¿quién te auxilia?”, asevera.
No obstante, manifiesta que aún con todas las limitaciones, no hay excusa para dejar de producir. “De todas formas debe hacerse el esfuerzo, hay que hacer maravillas”, advierte.
INICIOS EN LA LITERATURA
El escritor nacido en Ascope – La Libertad, en 1933 relata que comenzó escribiendo improvisadamente allá por 1961, cuando fue enviado como corresponsal por el extinto diario La Nación de Trujillo a cubrir el centenario del descubrimiento de las ruinas de Machu Picchu en el Cusco.
Cuenta que hasta ese año ni él ni los miembros del ‘Grupo Trilce’ habían publicado libros, motivo por el cual les había dado la sentencia de que quien no publicaba hasta los 30 años corría el riesgo de “morir inédito”.
Rivero Ayllón revela que en realidad él decía eso porque ya bordeaba los 29 años y le preocupaba no haber hecho aún ninguna publicación, mas no tanto por los miembros del grupo que aún eran bastante jóvenes. Fue así que publicó ‘Hacia Machu Picchu’ en 1962, día desde el cual el ‘Grupo Trilce’ en su conjunto ha publicado más de 350 obras, convirtiéndose así en el grupo de mayor producción literaria en el país.
En los años siguientes publicaría obras como ‘Breve historia de la literatura americana’ de 1963, ‘Entre la piedra y el oro’ de 1967, ‘Visión de Brasil’ de 1968, ‘Tres poetas de Nicaragua’ de 1969, ‘La literatura en la América precolombina’ de 1973, ‘Educación e integración’ de 1974, ‘Lambayeque: sol, flores y leyendas’ de 1976, ‘Haya de la Torre’ de 1985, ‘Tras las huellas del libertador’ de 1994, entre otras.
LLEGADA A CHICLAYO
A Teodoro Rivero lo une un vínculo entrañable con Chiclayo que se ha visto reflejado en publicaciones como ‘Lambayeque: sol, flores y leyendas’. El literato relata que su llegada en 1966 fue un poco accidentada, pues hubo un sector en la antigua Universidad Nacional de Lambayeque que lo consideraba “un aprista irreconciliable”.
Aún con todo, el 23 de septiembre de 1966, a sus 33 años, dictó su primera clase en la referida casa de estudios, a la cual confiesa se sintió un poco obligado a ir, ya que él no quería despegarse de la movida cultural de Trujillo, pero ante el pedido que venía posponiendo hacía cinco meses para dictar esa cátedra, accedió.
La simpatía de Rivero Ayllón fue tal que rápidamente se ganó el cariño de los alumnos, con quienes cuenta mantiene aún una gran amistad. El escritor se convertiría luego en catedrático y fundador de lo que sería después la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo, fortaleciendo su vínculo con Chiclayo con el paso de los años.
“Chiclayo me lo dio todo. A pesar de los impases que hubo en un primer momento, a mí siempre me dio la impresión de ser realmente la Capital de la Amistad. Una tierra generosa, noble, digna de un mejor porvenir”, asevera.
GRANDES PERSONAJES
A lo largo de su trayectoria como escritor y también periodista, Rivero Ayllón ha conocido y entrevistado a diversos personajes. Uno de ellos fue Antenor Orrego Espinoza, miembro del Grupo Norte junto a otras personalidades como César Vallejo y Alcides Spelucín Vega. Fue Orrego quien lo nombraría como “animador y guía del movimiento cultural que trae el mensaje de esta tierra que dio el primer grupo del norte”, en alusión al grupo que le tomó la posta, el ‘Grupo Trilce’.
Recuerda también la cercanía que tuvo con Víctor Raúl Haya de la Torre, a quien señala tuvo la oportunidad de entrevistar en 1945, cuando el escritor tenía apenas 12 años. “Fui tan cercano con él que cuando yo salía de viaje me daba unas cartas de recomendación que decían ‘para que lo traten como corresponde’. Yo no sabía bien que significaba eso, pero luego entendí que era para que a los lugares donde vaya sus amigos me recibieran bien”, cuenta.
Menciona además haber entrevistado a otros personajes como el argentino Gabriel del Mazo, historiador de la reforma universitaria de Córdoba; el colombiano Germán Arciniegas, presidente de la reforma universitaria de ese país y excandidato a la presidencia; a los papas Pablo VI y Juan Pablo II; al Sah de Persia Mohammad Reza Pahlaví; a la política india Indira Gandhi; y a escritores de la talla de Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier, Juan Rulfo, Jorge Icaza, entre otros.
VIAJES POR EL MUNDO
La trayectoria de Teodoro Rivero Ayllón también se ha enriquecido con sus viajes, pues como menciona le ha dado “cuatro veces la vuelta al mundo”. Rivero Ayllón ha estado en lugares tan lejanos como la ciudad de Lhasa en el Tíbet (China), Kiev en Ucrania, Rusia, Irán y hasta la enigmática Isla de Pascua en la Polinesia.
Justamente recuerda de uno de sus viajes que el rey de Persia, Mohammad Reza Pahlaví, lo nombró su traductor oficial de las cinco obras que había escrito, tras obsequiarle su libro ‘Lambayeque: sol, flores y leyendas’, el cual lo había dejado impresionado.
“El rey me mandó los pasajes para irme desde Lambayeque, que era el lugar donde estaba en ese entonces, hasta Irán. Me pidió que renunciara a mi cátedra que tenía en la Universidad Pedro Ruiz Gallo y me fuese a trabajar con él, pero un sexto sentido me hizo no renunciar”, asevera.
Rivero Ayllón cuenta entre risas que a Dios gracias no renunció y solo pidió permiso sin plazo, porque a su regreso de Irán se produjo la revolución contra el Sah, la cual acabó con la pérdida de la monarquía persa, la más antigua de la historia con dos mil 500 años de fundación. “El rey salió llorando y yo salí sin plata”, cuenta.
Otro lugar que evoca con nostalgia es la Isla de Pascua, donde recuerda que había un sacerdote alemán con quien tuvo bastante cercanía y que había estudiado las cabezas moais hechas hace cientos de años por la etnia Rapa Nui.
“En ese tiempo para llegar a la isla de Pascua uno se demoraba nueve días en barco saliendo del Callao a Valparaíso y de allí para la isla otros nueve días más. Y no había más que un solo barco al año. O sea que si uno se dormía, tenía que esperar otro año más para poder regresarse”, relata.
CONDECORACIÓN
A lo largo de su trayectoria Rivero Ayllón ha sido condecorado por diversas entidades como la Municipalidad Provincial de Trujillo y el Congreso de la República. En su paso por Chiclayo la semana pasada, Rivero Ayllón sumó una condecoración más, esta vez de parte de la Casa Comunal de la Juventud, quien le otorgó el ‘Premio al intelecto: Guillermo Baca Aguinaga’.
El administrador general de este recinto, Guillermo Pérez Sialer, señaló sobre esta distinción que “hay personajes como Teodoro Rivero Ayllón que orientan, que se constituyen en ejemplo, no del mal, sino del bien, a través de cuyo esfuerzo le muestren a los jóvenes los caminos por los que tienen que transitar”.
Añade que con Rivero Ayllón ya se suman 28 las personas los que han sido condecoradas por la Casa Comunal de la Juventud, cuyo objetivo es formar todo un equipo de personajes con “propósitos elevados superiores” como quería Guillermo Baca Aguinaga, a fin de demostrar que Lambayeque tiene gente grande que enaltece a la población.