En el año 2002, casi al finalizar el gobierno municipal de Fernando Noblecilla, el Concejo Provincial aprobó la concesión para la ubicación, construcción y operación del Terminal Terrestre de Servicios Múltiples Integrados - TTI de Chiclayo.
El objetivo principal, hace 17 años, fue instalar un terminal de pasajeros que cubriera la demanda de servicios de embarque y desembarque de pasajeros nacionales que ingresan y salen de la ciudad de Chiclayo, así como dotar a los pasajeros de las diferentes empresas de transportes de un recinto que les garantice un servicio óptimo y adecuado a sus necesidades y contribuir con nuevas fuentes de trabajo directa e indirectamente para la población en la construcción, así como los empleos generados por la operación del terminal.
Este modelo de concesión aprobado por el municipio chiclayano en el año 2002 se dio por primera vez en el país y serviría de ejemplo para otros procesos de concesiones con participación del capital privado. Con este modelo, la municipalidad hace 17 años no habría invertido recursos de ningún tipo, ya que incluso los fondos proporcionados para el desarrollo de todo el proceso financiado por Pro Inversión habrían sido devueltos por el Consorcio ganador.
Si hace 17 años el gobierno edil de Arturo Castillo Chirinos hubiera continuado con todo lo que dejó la gestión de Noblecilla en la que el municipio no invertía absolutamente nada, la comuna habría obtenido una compensación económica equivalente a 5 % de los ingresos por tasas de embarque y uso de rampas de embarque y desembarque, además del inmediato beneficio para la colectividad lambayecana de lograr un reordenamiento en el transporte interprovincial.
Está concesión ganada a finales de 2002 por el Consorcio Terrapuerto Chiclayo S.A. y la Empresa Cruz del Sur S.A. representada por el ingeniero Francisco Mondoñedo Ramírez, iba a aportar con el terreno, la construcción y habría sido la encargada de la operatividad del mismo, bajo la supervisión de la municipalidad, teniendo como marco normativo las ordenanzas dictadas para tal fin bajo un contexto de carácter no monopólico y de libre competencia. Sin embargo, no se ejecutó por la decisión del exalcalde Arturo Castillo Chirinos, quien asumió funciones ediles en enero de 2003.
Según lo revisado en nuestros archivos periodísticos, el consorcio ganador había contratado como operador del terminal a la empresa brasileña Socicam, que en aquellos años contaba con 30 años de experiencia operando terminales terrestres entre los cuales se encontraban los de Sao Paulo y Río de Janeiro, el que se iba a encargar de los ajustes en el diseño final y la implementación del mismo con los más altos estándares de calidad internacional.
El compromiso que Socicam tenía para el terrapuerto consistía también en traer los técnicos necesarios para que capaciten al personal de la provincia de Chiclayo que estaría a cargo de la operación del Terminal bajo la dirección de los técnicos de Socicam, Además, transmitir su tecnología en su totalidad para la operación del Terminal.
Socicam, a la vez la empresa operadora más grande de Brasil y la más grande de Sudamérica, contaba en aquella fecha con un movimiento de 100 millones de pasajeros al año.
El Terminal también habría contado con una zona comercial, aparte de oficinas para la Policía Nacional, el Ministerio de Transportes, la municipalidad y un laboratorio de alcoholemia, entre otros servicios para los pasajeros y acompañantes.
El Terrapuerto de Pasajeros de Chiclayo hubiera estado ubicado al noroeste de la ciudad, junto a la Vía de Evitamiento, entre las avenidas Juan Tomis Stack y Augusto B. Leguía, cerca de Senati y Sencico, sobre un área de 43 mil 600 metros cuadrados. La construcción del mismo habría estado culminada en un plazo no menor de 14 meses.
Hubiera tenido una plataforma de atención de los pasajeros e infraestructura para la operación de los buses de las empresas de transporte, en una rampa de 42 dársenas de embarque y desembarque y 26 dársenas de retén.
Su construcción preveía contar con instalaciones de servicios complementarios, tanto para el público como para las empresas con 84 quioscos, cuatro restaurantes y seis tiendas comerciales, además de contar con servicios de salas de espera, de embarque, terrazas exteriores e interiores, servicios higiénicos para ambos sexos, áreas de apoyo administrativo, grifos y talleres de mantenimiento.
La concesión preveía 20 años, es decir si en 14 meses se ejecutaba significaba que en el 2004 o inicios de 2005 este habría sido inaugurado y a fines del 2025 este estaría revertiendo a la municipalidad de Chiclayo si Castillo Chirinos hubiera sido un buen gestor y estadista. Hoy, por el contrario, estamos recordando lo que dejó de hacer por la falta de tolerancia, conocimiento, trabajo en equipo y su el egocentrismo en el desempeño de su cargo de alcalde en Chiclayo.