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ELECCIONES 2026: La responsabilidad ciudadana de elegir bien

Escribe: José Carlos Sánchez (*)
Edición N° 1435

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En el marco de las Elecciones Generales de 2026, el Perú afronta un proceso decisivo en medio de una profunda crisis de confianza ciudadana, una marcada fragmentación política y una persistente inestabilidad institucional que han debilitado la gobernabilidad y el vínculo entre el Estado y la ciudadanía. En este escenario, el proceso electoral adquiere una relevancia crucial. Más allá de la competencia entre candidaturas, las elecciones de 2026 representan un punto de inflexión para la gobernabilidad y la calidad de la democracia, en un país donde la confrontación política y la ausencia de consensos han afectado de manera constante la toma de decisiones y la estabilidad institucional.

Frente a ello, elegir bien no se reduce al acto de votar, sino que implica asumir una responsabilidad cívica informada y consciente. En democracia, las autoridades no se imponen: se eligen. De esa decisión dependerá el rumbo del desarrollo del país, la recuperación de la confianza pública y el fortalecimiento de las instituciones democráticas.

¿Qué significa “elegir bien”?

Elegir bien no equivale únicamente a marcar una cédula electoral; implica informarse, contrastar propuestas, analizar trayectorias y, sobre todo, evaluar la conducta ética y el compromiso democrático de quienes aspiran a ejercer el poder. En un país donde se han normalizado candidaturas sin idoneidad o con antecedentes cuestionables, elegir bien significa romper con la lógica del mal menor, del voto por rechazo o del desencanto resignado. Es optar por alternativas que, aun con limitaciones, ofrezcan garantías mínimas de integridad, respeto institucional y capacidad de gestión en favor de la gobernabilidad.

Responsabilidad ciudadana

La responsabilidad ciudadana empieza mucho antes del día de la elección. Comienza con la tarea de informarse adecuadamente, consultar fuentes confiables, contrastar datos y no dejarse llevar por noticias falsas o mensajes engañosos que distorsionan el debate público. En ese proceso, la información oficial resulta fundamental. La plataforma Voto Informado del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) permite conocer quiénes son los candidatos, su trayectoria, antecedentes y propuestas, lo que contribuye a tomar una decisión más consciente y responsable.

Este esfuerzo por informarse cobra mayor relevancia si se considera que, según la última encuesta de Proética, la honestidad se ha convertido en el principal criterio que la ciudadanía busca en un candidato para las elecciones de 2026, incluso por encima de la experiencia política o la eficiencia en la gestión. Este dato no solo refleja una preferencia electoral, sino también la profunda desconfianza existente frente a la clase política y la necesidad de contar con autoridades íntegras.

Elegir bien también exige una ciudadanía activa, dispuesta a participar en el debate público, a exigir claridad en las propuestas y a rechazar el clientelismo, las promesas inviables y el uso del miedo o la polarización como estrategia electoral. En este esfuerzo, organizaciones de la sociedad civil como Transparencia y Proética cumplen un rol clave en la promoción de una ciudadanía informada y participativa. En articulación con otras instituciones, no solo generan información accesible y confiable sobre los candidatos, sino que también impulsan herramientas de seguimiento y espacios de participación que fortalecen la vigilancia ciudadana. Su labor contribuye de manera directa a la construcción de una cultura democrática basada en la integridad, la rendición de cuentas y la responsabilidad cívica.

Elegir bien como defensa de la democracia

Las malas decisiones electorales tienen consecuencias profundas y duraderas. Elegir sin criterio ni información ha contribuido, en más de una ocasión, a la ingobernabilidad, al debilitamiento del Estado y a la captura de instituciones por intereses particulares. Cuando el voto se ejerce desde el desencanto, el miedo o la improvisación, se debilita la democracia y se resiente la forma en que se gobierna el país.

Elegir bien es, en ese sentido, una forma concreta de proteger la democracia. No se trata de buscar soluciones inmediatas ni liderazgos providenciales, sino de apostar por procesos políticos responsables, candidaturas comprometidas con la institucionalidad y propuestas que devuelvan legitimidad al ejercicio del poder. En contextos de crisis, el voto informado sigue siendo una de las herramientas más decisivas de la ciudadanía.

El desafío ciudadano en las próximas elecciones

Las elecciones de 2026 representan una oportunidad para replantear la relación entre la ciudadanía y la política, en un contexto marcado por la desconfianza y el desgaste institucional. Elegir bien no es solo un acto individual, sino una responsabilidad colectiva cuyas consecuencias trascienden un periodo de gobierno y se reflejan en la estabilidad del país. En una sociedad que busca recuperar integridad, gobernabilidad y confianza, el compromiso ciudadano se vuelve indispensable. La democracia no se construye únicamente el día de la votación, pero es allí donde comienza a tomar forma. Informarse, participar y decidir con responsabilidad es una manera concreta de cuidar el país y de asumir, de manera colectiva, el futuro que queremos construir.

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(*) Politólogo

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LA CATEDRAL DE EIFFEL: “Una Leyenda Urbanaâ€

Escribe: Velia Beltrán Centurión (*)
Edición N° 1435

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Sentimos que aún no se logre erradicar leyendas urbanas carentes de total sentido, pero que están muy arraigadas y que últimamente se propalen sin mayor responsabilidad. Es el caso de la Catedral de Chiclayo, pues por alguna inexplicable razón parece haber un pacto de desinformación totalmente injustificado.

Con los actuales acontecimientos de estar nuestra ciudad en el epicentro de la atención al haber sido la sede del obispado de Robert Prevost y nuestra catedral ser punto neurálgico de la Ruta Turística del Papa León XIV, muchos reportajes internacionales están haciendo eco de la idea descabellada de atribuírsela a Eiffel, que los propios chiclayanos entusiastamente difunden, pese a ya haberse reconstruido historiográficamente la génesis de nuestro primer templo.

Abundan guías de turismo, tanto personas como en material impreso y también se han multiplicado los “blogeros” y creadores de contenidos quienes citan fuentes del último lustro (es decir otras publicaciones muy recientes y que no han superado filtro alguno), para avalar sus afirmaciones prestándose a una suerte de juego de “teléfono malogrado” en lugar de investigar con seriedad en documentos fidedignos.

Así sostienen sin mayor fundamento que la catedral de Chiclayo fue diseñada por Gustave Eiffel, e incluso se ha llegado a dar detalles que rozan con lo absurdo (como afirmar románticamente que él la llamó “Rose Meridionale”) confundiendo al visitante que llega a esas tierras atraído por su extraordinario pasado precolombino, por su gastronomía, por su clima y por sus playas.

Las causas de despropósitos como este se basan en artículos escritos con muy buena voluntad y entusiasmo, pero totalmente carentes de fundamento que, al haber sido publicados por revistas regionalistas o por entidades reconocidas, es natural que se tomen por ciertas.

Como es sabido, el autor de la afamada torre parisina (y también de la estructura interna de la Estatua de la Libertad) efectivamente fundó en 1867 la consultora y constructora Eiffel et Cie. que adquirió un gran prestigio internacional.

Según los registros históricos consultados, los planos de nuestro templo principal fueron entregados a mediados del año 1869[1].  Aunque la empresa Eiffel ya operaba en aquella época, su ingeniería estaba centrada en el dominio del fierro y sus esfuerzos estarían sin duda orientados a las exposiciones universales que cada década se celebraban por aquel entonces en las principales capitales europeas, pero sobre todo y con frecuencia en París, como lo evidencia La Torre Eiffel que se inauguró en 1889.

Lo lamentable de casos como este es que, si está publicado en medios informativos con cierto prestigio no podemos señalar a quienes les entusiasmen estas ideas y las comiencen a hacer virales compartiéndolas por las redes sociales.

Si bien es cierto que en Sudamérica hay obras realmente producidas por su estudio, con piezas fabricadas en Europa y ensambladas en nuestros países, resulta improbable que hubiera tenido participación en el diseño siquiera de algún elemento arquitectónico de la Catedral de Chiclayo.

No es este el único caso que hubo en nuestro país pues otras construcciones erróneamente han sido atribuidas a Eiffel, como el Mercado San Camilo de Arequipa por su techo de acero y columnas metálicas característicos, con técnicas constructivas que se asocian más a la ingeniería francesa de la época, aunque la evidencia histórica es nula sobre su participación directa.

Así mismo se había difundido ampliamente que la catedral neogótica de Yurimaguas fue producida por el genio creativo de G. Eiffel, sustentados en que su única torre de campanario central (de 40 metros de alto y con una escalera interior) cuenta con fierro en su estructura interna. Pero esto ya ha quedado descartado de la narrativa ciudadana, y se ha recuperado el (por mucho tiempo desplazado) nombre del Arquitecto Catalán Don José Riera Torra, autor del diseño y construcción de “La Virgen de las Nieves”, quien incluso dejó su descendencia en esas tierras.

Cierto es que la exitosa empresa de Eiffel, albergaba muchos profesionales de diversas nacionalidades europeas, entre los cuales se encontraba el arquitecto e ingeniero polaco N. Miney, quien en su calidad de arquitecto diseñó la catedral de Tacna por encargo del presidente José Balta. Recordemos que luego de producirse el famoso contrato Dreyfus firmado el 05 de julio de 1969 sobre la venta de varios millones de toneladas de guano para la agricultura europea, se llevaron a cabo varias obras públicas que aumentaron el progreso material y económico del país, pero sabemos que para ese entonces ya se habían realizado los primeros trámites para la construcción de la catedral de Chiclayo. 

La construcción de la catedral tacneña fue iniciada en marzo de 1875 por la por la firma Petot y Compañía, subsidiaria de la empresa de Eiffel en París. Y aunque es posible encontrar una muy ligera similitud en el tercer cuerpo de torres de la catedral de Tacna, con el de nuestra catedral, esta no es más que el resultado del uso de los elementos propios del estilo imperante por aquel entonces.

Sabemos que el diseño original de las torres de nuestro templo lucía distinto, y que recién en la época de los años cuarenta, toman la configuración con la cual ahora la conocemos. Ambas catedrales iniciaron su construcción, paralizaron sus obras, las reanudaron y las inauguraron en fechas casi paralelas.

Y si tenemos en cuenta que transcurrió casi un siglo desde que se inició su edificación hasta su culminación, es lógico pensar que las mejoras de los sistemas constructivos, avances en la ingeniería con la optimización de cálculos y de materiales, definitivamente alteraron el producto final con relación a su diseño original.  

Muy distinto es el caso del diseño de la Casa de Fierro de Iquitos, pues no solo hay registros de haber sido creado por G. Eiffel alrededor del año 1860, sino que además esa casa fue exhibida en la Exposición Universal de París de 1889[2].

Con respecto a nuestra catedral lo cierto es que hasta ahora no se ha encontrado ningún documento escrito con seriedad que acredite esa afirmación tan difundida, aun a pesar de que esto resulta fácilmente deleznable, pues no resiste el simple análisis.

Eiffel era un ingeniero especializado en diseñar y construir cientos de estructuras metálicas como puentes, grúas, estaciones de tren, etc., que nada tienen que ver con una construcción cuyos cimientos fueron hechos a base de piedra azul con umbraladura de algarrobo y cuyas columnas fueron realizadas en mampostería con mortero compuesto por claras de huevos, cal y yeso, combinación que los alarifes usaban por la increíble dureza que conseguía pues no se conocía aún el cemento,[3] totalmente sin fierro.

Particularmente sentimos que, por las cualidades estéticas e históricas de nuestra querida Catedral, no necesitamos “colgarla” del nombre de ningún famoso personaje, como para tener mayor valía de la que intrínsecamente ya tiene. Es justo y necesario reconocer a los verdaderos protagonistas de su existencia.

Máxime si existen registros de los verdaderos gestores y protagonistas de la erección de nuestra catedral, que quizá por su antigüedad han quedado fuera del radar de los entusiastas que prefieren perpetuar las leyendas urbanas por tenerlas más al alcance o quizá por resultar más “atractivas” para un público promedio, aún cuando la bibliografía de sustento indica con toda claridad quien fue el responsable de la gestión, quien del diseño, y quien de su construcción.

Según señala el historiador J. Bachmann, la Catedral de Chiclayo fue erigida por iniciativa del presidente de la República José Balta quien encargó los planos originales al ingeniero Felipe Arancibia y la dirección de la obra estuvo a cargo del ingeniero irlandés Guillermo Townsend.[4]

Conjurar el surgimiento e instalación de “nuevas leyendas”

Pero no es este el único caso de irresponsable manipulación de la verdad histórica, también se puede leer en la red publicaciones que, por falta de filtros adecuados contienen información que no cuenta con la solvencia necesaria pero que, al ser presentados con esmero, con una redacción correcta y acompañados de fotografías de la época, parecieran ser fidedignos, muchas veces notoriamente producidas con el apoyo de la famosa IA.

Podemos encontrar datos que más allá de ser inexactos llegan a ser errores garrafales como afirmar que extinta la iglesia Matriz es hoy conocida como la catedral de Chiclayo, o que nuestra catedral fue en su origen un convento franciscano. Es conveniente recordar que en su momento convivieron en torno al espacio que conforma el actual parque central de Chiclayo ambos templos católicos.

 Hasta hubo una publicación virtual en un portal de una universidad del sur del Perú que divulgaba que Chiclayo tuvo, antes de la actual a otra catedral, refiriéndose a la Iglesia Matriz y reconociéndome los créditos citaron una extensa descripción de ella que había yo publicado anteriormente por este medio. Doblemente preocupante, porque citan una fuente correcta, pero como avalando una premisa totalmente inexacta.

Lo verdaderamente alarmante era que se había replicado ese “descubrimiento” 73 veces.  Me tocó explicar que una catedral es una iglesia que alberga la sede de un obispo, y su designación como tal depende de la jerarquía eclesiástica y que, en el caso de Chiclayo inclusive la actual catedral, no podía ostentar ese nombre y en aquella época se la conocía como “Iglesia Nueva” porque Chiclayo no era aún sede episcopal y por ende no podía tener catedral. Desconozco si el alcance de esta aclaración llegó a las otras 72 veces que esto fue replicado.

Con estos ejemplos de “la catedral de Eiffel” y de “las dos catedrales de Chiclayo” entre varios otros, queda en evidencia que citar una fuente escrita, aparentemente avalada por instancias serias, no garantiza la veracidad de los datos por lo tanto no son aptos para ser replicados irreflexivamente.

Es necesario alentar a los jóvenes investigadores a agotar la búsqueda en primera instancia y es preciso animarlos a no aceptar fácilmente como exactas las versiones que circulan libremente por las redes, ni siquiera aquellas que parecen provenir de fuentes más seguras como “revistas académicas” o repositorios de entidades que no estén probadamente acreditadas.

Tal como refiere el arquitecto docente Alberto José Risco Vega, nuestra historia se completa gota a gota, y muchas lagunas se han creado con datos erróneos o hipótesis que se dan por ciertas… Por tanto, es ineludible someter a juicio crítico cualquier premisa con la que pretendan cimentar sus publicaciones no aceptando lo primero que se les presenta sencillamente porque es lo que todos creen, o lo que la mayoría piensa y reconoce como verdad.



[1] Diaz torres, M.A., «Inicios de la catedral de Chiclayo» Centro de documentación particular.

[2] Wayback Machine. The Iquitos Times.

[3] Arancibia, F., «Informe presentado a la Junta central de ingenieros» Anales del cuerpo de Ingenieros del Perú Lima, 1874, (Lima, 28 -VIII- 1873) T. II.

[4] Bachmann, C. J., Monografía Histórico-Geográfica Departamento de Lambayeque, Lima, Imprenta Torres Aguirre, 1921.

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CANDIDATOS PRESIDENCIALES: Los eventos de futuro que impactarán en las estructuras permanentes

Escribe: Yefferson Llonto Caicedo (*), Brenda Vallejo Mezarina (**)
Edición N° 1435

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En medio del ruido electoral, los discursos políticos suelen concentrarse en la inflación, la inseguridad y el empleo inmediato. Sin embargo, el mayor riesgo para el Perú no es equivocarse en el diagnóstico del presente, sino llegar al poder sin una lectura estratégica del futuro.

Uno de los ejes más críticos está relacionado con el impacto del cambio climático y la degradación ambiental. Fenómenos extraordinarios como El Niño, la proliferación de incendios forestales en la Amazonía, el colapso de la biodiversidad andina y la aparición de zonas inhabitables debido a temperaturas extremas representan amenazas directas al bienestar, la seguridad alimentaria y la estabilidad territorial del país. Estos riesgos no pueden abordarse únicamente desde una retórica ambiental, sino como parte de una estrategia de seguridad nacional y desarrollo sostenible. Para los futuros gobernantes, ello implica pasar de promesas genéricas a políticas concretas de adaptación, ordenamiento territorial prospectivo e inversión sostenida en resiliencia climática.

Economía y política 

En el ámbito económico, el escenario internacional es crecientemente volátil. La persistencia de guerras comerciales, el riesgo de recesiones globales y la erosión de la soberanía económica frente al poder de grandes corporaciones tecnológicas plantean desafíos profundos para economías como la peruana, altamente dependientes de exportaciones primarias. En este contexto, los candidatos presidenciales deberán demostrar cómo fortalecerán la resiliencia productiva, promoverán la diversificación económica y reforzarán la capacidad del Estado para proteger sus intereses estratégicos en un mundo cada vez más fragmentado.

El aspecto político resulta aún más relevante. La fragilidad del Estado de derecho, la captura criminal de instituciones públicas y la posibilidad de escenarios prolongados de convulsión social podrían derivar en retrocesos democráticos si no se corrigen debilidades institucionales persistentes. La gobernabilidad futura no dependerá únicamente de ganar elecciones, sino de reconstruir la confianza ciudadana, fortalecer las capacidades del Estado y garantizar un control efectivo del territorio.

Tecnología y poder

La tecnología constituye otro punto clave donde se redefinen las reglas del desarrollo. La normalización de la inteligencia artificial, la computación cuántica, la biotecnología avanzada y la digitalización integral de la vida social pueden convertirse tanto en motores de prosperidad como en fuentes de riesgo sistémico. El control y la gobernanza del entorno digital se vuelven, así, elementos indispensables para repensar el contexto político y social contemporáneo.

La inteligencia artificial se perfila como una de las fuerzas transformadoras más determinantes del siglo XXI, no solo por su capacidad de automatizar tareas, sino por su potencial para redefinir las fronteras mismas de la condición humana. Se advierte que el avance acelerado de sistemas cada vez más autónomos y sofisticados podría desembocar en escenarios donde la capacidad cognitiva de las máquinas iguale o supere a la humana, alterando de manera estructural los sistemas productivos, educativos y de toma de decisiones públicas.

En este contexto, la inteligencia artificial deja de ser una simple herramienta y se convierte en un actor estratégico que condicionará el desarrollo de los Estados. Uno de los escenarios más disruptivos es la posible transición hacia la Inteligencia Artificial General, capaz de aprender, razonar y adaptarse de forma transversal a múltiples dominios del conocimiento. Si bien podría acelerar la innovación científica y tecnológica, también introduciría riesgos sistémicos asociados a la pérdida de control humano sobre procesos críticos. La ausencia de marcos regulatorios anticipatorios y de capacidades estatales para supervisar estos sistemas podría profundizar desigualdades y generar concentraciones de poder sin precedentes.

La convergencia de la inteligencia artificial con la biotecnología y la neurociencia abre, además, la posibilidad de la creación de “superhumanos” o superespecies. Este escenario se vincula al uso generalizado de implantes neuronales, edición genética y mejoras cognitivas destinadas a ampliar las capacidades físicas y mentales de determinados grupos humanos.

Aunque estos avances podrían mejorar la calidad de vida y la productividad, también plantean dilemas éticos profundos relacionados con la equidad, el acceso y la discriminación tecnológica. La eventual creación de superhumanos podría dar lugar a una nueva brecha social, ya no basada únicamente en ingresos o educación, sino en capacidades biológicas y cognitivas aumentadas. En ausencia de políticas inclusivas, estas tecnologías podrían consolidar élites con ventajas estructurales irreversibles, debilitando la cohesión social y los principios de igualdad democrática. Este riesgo convierte la regulación y la gobernanza de estas innovaciones en un asunto central de política pública, y no solo en una discusión científica.

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(*) Magíster en Ciencias con mención en Proyectos de Inversión Pública, economista e investigador Renacyt. Especialista en Inversión Pública del Centro Nacional de Planeamiento Estratégico.

(**) Economista de Esan, egresada de la Maestría en Inteligencia Estratégica.

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VIENE AL PERÚ: Conferencia Episcopal Peruana confirmó la visita del papa León XIV para fin de año

Escribe: Nacional
Edición N° 1435

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  • El canciller Hugo de Zela señaló que las conversaciones con El Vaticano avanzan de forma sostenida.
  • En Chiclayo crece la expectativa de las autoridades sobre la posibilidad de que el papa aproveche su visite para retornar a la tierra de su querida diócesis.

El último miércoles, monseñor Carlos García Camader, presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, anunció que el papa León XIV visitará al Perú este año en una fecha que, al 80 %, podría ser entre noviembre y la primera semana de diciembre, según lo expresado por el sumo pontífice a los obispos peruanos durante la visita ‘ad limina apostolorum’ que realizaron a la santa sede, en el marco de la reunión que sostienen cada cinco años para dar cuenta de la realidad pastoral de sus diócesis.

“Para nosotros fue muy importante (esta visita) porque hemos mencionado la expectativa que existe por su llegada y lo hemos invitado reiteradamente. Él también nos dijo algo importante: “Cuánto quisiera ya estar en el Perú”. Y lo dijo porque ama al Perú. Está ansioso. Sonreía su rostro cuando le hablábamos del tema. Lo dijo claramente: ‘es muy probable que, en el mes de noviembre, máximo la primera semana de diciembre’. Ahí está la fecha, al 80%”, sostuvo el monseñor durante una conferencia de prensa.

Expectativa

Al respecto, la alcaldesa de la Municipalidad Provincial de Chiclayo, Janet Cubas Carranza, sostuvo que el anuncio de la llegada del papa llena a los chiclayanos del mismo júbilo que el pasado 8 de mayo, cuando fue elegido como sumo pontífice de la Iglesia Católica.

“En algún momento dijimos que nos poníamos todos en modo vigilia porque en cualquier rato se anunciaba la llegada del santo padre y hoy se está confirmando. Tenemos ya la Ruta Caminos del Papa León XIV, tenemos una muestra permanente en palacio y ayer hemos iniciado en Barranco (Lima) una muestra itinerante que llegará a Surco y Puente Piedra. Pero también pensamos ir a Cusco, Arequipa, Cajamarca y Trujillo para seguir promocionando la ruta del papa León XIV”, destacó la autoridad edil.

Por su parte, el teniente alcalde de la municipalidad de Chiclayo, Jorge Arévalo Chilón, manifestó que la confirmación de la llegada del papa León XIV alimenta el espíritu de los chiclayanos que desde el día de su elección anhelan el momento de volver a ver a quien fue su obispo, por lo que esta noticia reaviva su fe. No obstante, reconoce que las obras para fortalecer la Ruta del papa León XIV aún avanzan lento

“De los S/ 3 millones que le corresponden a Chiclayo, el área de Turismo y Cultura tiene avanzados varios proyectos. Están al 30 % de avance, pero es una preocupación para los chiclayanos y para nosotros como autoridades la problemática de la infraestructura vial. Al margen que estos S/ 3 millones sean utilizados en el fortalecimiento de los servicios turísticos de la Ruta del Papa, se deben mejorar las vías. Eso es algo en lo que los regidores hemos hecho incidencia”, afirma.

Obras

Agregó que el martes sostuvo una reunión con el presidente de la República, José Jerí, a quien le señaló que la comuna chiclayana no había recibido recursos del Estado para el mejoramiento de las pistas, pese a la urgente necesidad.

“Hemos tocado las puertas del Ejecutivo, pero -lastimosamente- no hemos recibido este apoyo concreto para lo que es la reparación y mantenimiento de las calles. Sin embargo, hemos seguido haciéndolo en convenio con el gobierno regional y con los recursos que va consiguiendo la municipalidad, porque esto se maneja con recursos ordinarios. Lo fundamental en este momento que nos queda por resolver es la recuperación de la transitabilidad”, afirmó

En contraste, indicó que se ha mejorado en la prestación de algunos servicios como el de recojo de basura, al punto de decir que esto ya solo depende de la educación de la población y de que los vecinos le den sostenibilidad al trabajo que viene realizando la municipalidad.

“Estamos trabajando codo a codo con el gobierno regional y, muy independientemente de si el Ejecutivo se pone de pie -como esperamos que lo haga-, estamos en las mejores condiciones y con todo es espíritu, cariño y amor para recibir a todos los visitantes”, sostuvo.

+NOTICIAS:

  • Para el fortalecimiento de la Ruta Caminos del Papa León XIV, el gobierno central transfirió S/ 20 millones para Lambayeque: S/ 3 millones para el gobierno regional, S/ 3 millones para la municipalidad de Chiclayo y S/ 14 millones para el mejoramiento y ampliación del malecón turístico de Santa Rosa.

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