Sentimos que aún no se logre erradicar leyendas urbanas carentes de total sentido, pero que están muy arraigadas y que últimamente se propalen sin mayor responsabilidad. Es el caso de la Catedral de Chiclayo, pues por alguna inexplicable razón parece haber un pacto de desinformación totalmente injustificado.
Con los actuales acontecimientos de estar nuestra ciudad en el epicentro de la atención al haber sido la sede del obispado de Robert Prevost y nuestra catedral ser punto neurálgico de la Ruta Turística del Papa León XIV, muchos reportajes internacionales están haciendo eco de la idea descabellada de atribuírsela a Eiffel, que los propios chiclayanos entusiastamente difunden, pese a ya haberse reconstruido historiográficamente la génesis de nuestro primer templo.
Abundan guías de turismo, tanto personas como en material impreso y también se han multiplicado los “blogeros” y creadores de contenidos quienes citan fuentes del último lustro (es decir otras publicaciones muy recientes y que no han superado filtro alguno), para avalar sus afirmaciones prestándose a una suerte de juego de “teléfono malogrado” en lugar de investigar con seriedad en documentos fidedignos.
Así sostienen sin mayor fundamento que la catedral de Chiclayo fue diseñada por Gustave Eiffel, e incluso se ha llegado a dar detalles que rozan con lo absurdo (como afirmar románticamente que él la llamó “Rose Meridionale”) confundiendo al visitante que llega a esas tierras atraído por su extraordinario pasado precolombino, por su gastronomía, por su clima y por sus playas.
Las causas de despropósitos como este se basan en artículos escritos con muy buena voluntad y entusiasmo, pero totalmente carentes de fundamento que, al haber sido publicados por revistas regionalistas o por entidades reconocidas, es natural que se tomen por ciertas.
Como es sabido, el autor de la afamada torre parisina (y también de la estructura interna de la Estatua de la Libertad) efectivamente fundó en 1867 la consultora y constructora Eiffel et Cie. que adquirió un gran prestigio internacional.
Según los registros históricos consultados, los planos de nuestro templo principal fueron entregados a mediados del año 1869[1]. Aunque la empresa Eiffel ya operaba en aquella época, su ingeniería estaba centrada en el dominio del fierro y sus esfuerzos estarían sin duda orientados a las exposiciones universales que cada década se celebraban por aquel entonces en las principales capitales europeas, pero sobre todo y con frecuencia en París, como lo evidencia La Torre Eiffel que se inauguró en 1889.
Lo lamentable de casos como este es que, si está publicado en medios informativos con cierto prestigio no podemos señalar a quienes les entusiasmen estas ideas y las comiencen a hacer virales compartiéndolas por las redes sociales.
Si bien es cierto que en Sudamérica hay obras realmente producidas por su estudio, con piezas fabricadas en Europa y ensambladas en nuestros países, resulta improbable que hubiera tenido participación en el diseño siquiera de algún elemento arquitectónico de la Catedral de Chiclayo.
No es este el único caso que hubo en nuestro país pues otras construcciones erróneamente han sido atribuidas a Eiffel, como el Mercado San Camilo de Arequipa por su techo de acero y columnas metálicas característicos, con técnicas constructivas que se asocian más a la ingeniería francesa de la época, aunque la evidencia histórica es nula sobre su participación directa.
Así mismo se había difundido ampliamente que la catedral neogótica de Yurimaguas fue producida por el genio creativo de G. Eiffel, sustentados en que su única torre de campanario central (de 40 metros de alto y con una escalera interior) cuenta con fierro en su estructura interna. Pero esto ya ha quedado descartado de la narrativa ciudadana, y se ha recuperado el (por mucho tiempo desplazado) nombre del Arquitecto Catalán Don José Riera Torra, autor del diseño y construcción de “La Virgen de las Nieves”, quien incluso dejó su descendencia en esas tierras.
Cierto es que la exitosa empresa de Eiffel, albergaba muchos profesionales de diversas nacionalidades europeas, entre los cuales se encontraba el arquitecto e ingeniero polaco N. Miney, quien en su calidad de arquitecto diseñó la catedral de Tacna por encargo del presidente José Balta. Recordemos que luego de producirse el famoso contrato Dreyfus firmado el 05 de julio de 1969 sobre la venta de varios millones de toneladas de guano para la agricultura europea, se llevaron a cabo varias obras públicas que aumentaron el progreso material y económico del país, pero sabemos que para ese entonces ya se habían realizado los primeros trámites para la construcción de la catedral de Chiclayo.
La construcción de la catedral tacneña fue iniciada en marzo de 1875 por la por la firma Petot y Compañía, subsidiaria de la empresa de Eiffel en París. Y aunque es posible encontrar una muy ligera similitud en el tercer cuerpo de torres de la catedral de Tacna, con el de nuestra catedral, esta no es más que el resultado del uso de los elementos propios del estilo imperante por aquel entonces.
Sabemos que el diseño original de las torres de nuestro templo lucía distinto, y que recién en la época de los años cuarenta, toman la configuración con la cual ahora la conocemos. Ambas catedrales iniciaron su construcción, paralizaron sus obras, las reanudaron y las inauguraron en fechas casi paralelas.
Y si tenemos en cuenta que transcurrió casi un siglo desde que se inició su edificación hasta su culminación, es lógico pensar que las mejoras de los sistemas constructivos, avances en la ingeniería con la optimización de cálculos y de materiales, definitivamente alteraron el producto final con relación a su diseño original.
Muy distinto es el caso del diseño de la Casa de Fierro de Iquitos, pues no solo hay registros de haber sido creado por G. Eiffel alrededor del año 1860, sino que además esa casa fue exhibida en la Exposición Universal de París de 1889[2].
Con respecto a nuestra catedral lo cierto es que hasta ahora no se ha encontrado ningún documento escrito con seriedad que acredite esa afirmación tan difundida, aun a pesar de que esto resulta fácilmente deleznable, pues no resiste el simple análisis.
Eiffel era un ingeniero especializado en diseñar y construir cientos de estructuras metálicas como puentes, grúas, estaciones de tren, etc., que nada tienen que ver con una construcción cuyos cimientos fueron hechos a base de piedra azul con umbraladura de algarrobo y cuyas columnas fueron realizadas en mampostería con mortero compuesto por claras de huevos, cal y yeso, combinación que los alarifes usaban por la increíble dureza que conseguía pues no se conocía aún el cemento,[3] totalmente sin fierro.
Particularmente sentimos que, por las cualidades estéticas e históricas de nuestra querida Catedral, no necesitamos “colgarla” del nombre de ningún famoso personaje, como para tener mayor valía de la que intrínsecamente ya tiene. Es justo y necesario reconocer a los verdaderos protagonistas de su existencia.
Máxime si existen registros de los verdaderos gestores y protagonistas de la erección de nuestra catedral, que quizá por su antigüedad han quedado fuera del radar de los entusiastas que prefieren perpetuar las leyendas urbanas por tenerlas más al alcance o quizá por resultar más “atractivas” para un público promedio, aún cuando la bibliografía de sustento indica con toda claridad quien fue el responsable de la gestión, quien del diseño, y quien de su construcción.
Según señala el historiador J. Bachmann, la Catedral de Chiclayo fue erigida por iniciativa del presidente de la República José Balta quien encargó los planos originales al ingeniero Felipe Arancibia y la dirección de la obra estuvo a cargo del ingeniero irlandés Guillermo Townsend.[4]
Conjurar el surgimiento e instalación de “nuevas leyendas”
Pero no es este el único caso de irresponsable manipulación de la verdad histórica, también se puede leer en la red publicaciones que, por falta de filtros adecuados contienen información que no cuenta con la solvencia necesaria pero que, al ser presentados con esmero, con una redacción correcta y acompañados de fotografías de la época, parecieran ser fidedignos, muchas veces notoriamente producidas con el apoyo de la famosa IA.
Podemos encontrar datos que más allá de ser inexactos llegan a ser errores garrafales como afirmar que extinta la iglesia Matriz es hoy conocida como la catedral de Chiclayo, o que nuestra catedral fue en su origen un convento franciscano. Es conveniente recordar que en su momento convivieron en torno al espacio que conforma el actual parque central de Chiclayo ambos templos católicos.
Hasta hubo una publicación virtual en un portal de una universidad del sur del Perú que divulgaba que Chiclayo tuvo, antes de la actual a otra catedral, refiriéndose a la Iglesia Matriz y reconociéndome los créditos citaron una extensa descripción de ella que había yo publicado anteriormente por este medio. Doblemente preocupante, porque citan una fuente correcta, pero como avalando una premisa totalmente inexacta.
Lo verdaderamente alarmante era que se había replicado ese “descubrimiento” 73 veces. Me tocó explicar que una catedral es una iglesia que alberga la sede de un obispo, y su designación como tal depende de la jerarquía eclesiástica y que, en el caso de Chiclayo inclusive la actual catedral, no podía ostentar ese nombre y en aquella época se la conocía como “Iglesia Nueva” porque Chiclayo no era aún sede episcopal y por ende no podía tener catedral. Desconozco si el alcance de esta aclaración llegó a las otras 72 veces que esto fue replicado.
Con estos ejemplos de “la catedral de Eiffel” y de “las dos catedrales de Chiclayo” entre varios otros, queda en evidencia que citar una fuente escrita, aparentemente avalada por instancias serias, no garantiza la veracidad de los datos por lo tanto no son aptos para ser replicados irreflexivamente.
Es necesario alentar a los jóvenes investigadores a agotar la búsqueda en primera instancia y es preciso animarlos a no aceptar fácilmente como exactas las versiones que circulan libremente por las redes, ni siquiera aquellas que parecen provenir de fuentes más seguras como “revistas académicas” o repositorios de entidades que no estén probadamente acreditadas.
Tal como refiere el arquitecto docente Alberto José Risco Vega, nuestra historia se completa gota a gota, y muchas lagunas se han creado con datos erróneos o hipótesis que se dan por ciertas… Por tanto, es ineludible someter a juicio crítico cualquier premisa con la que pretendan cimentar sus publicaciones no aceptando lo primero que se les presenta sencillamente porque es lo que todos creen, o lo que la mayoría piensa y reconoce como verdad.
[1] Diaz torres, M.A., «Inicios de la catedral de Chiclayo» Centro de documentación particular.
[2] Wayback Machine. The Iquitos Times.
[3] Arancibia, F., «Informe presentado a la Junta central de ingenieros» Anales del cuerpo de Ingenieros del Perú Lima, 1874, (Lima, 28 -VIII- 1873) T. II.
[4] Bachmann, C. J., Monografía Histórico-Geográfica Departamento de Lambayeque, Lima, Imprenta Torres Aguirre, 1921.
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