up

EL COSTO INVISIBLE DE LA INFORMALIDAD: ¿Por qué el Perú no despega?

Escribe: Bagner Salazar Salazar (*)
Edición N° 1415

  comentarios   

El Perú ha sido reconocido durante las últimas décadas por su estabilidad macroeconómica, con tasas de crecimiento sostenidas que en muchos periodos superaron el promedio regional, sin embargo, esa imagen de solidez contrasta con una realidad estructural que frena su desarrollo: la elevada tasa de informalidad; este fenómeno, lejos de ser un problema coyuntural, constituye una trampa de bajo crecimiento en la que millones de peruanos trabajan sin derechos laborales, sin acceso a seguridad social y con una productividad reducida. La informalidad no solo precariza las condiciones de vida de las familias, sino que también genera un costo silencioso para la economía en su conjunto, debilitando la recaudación fiscal, reduciendo la capacidad de inversión del Estado y limitando la competitividad del país frente a otros mercados emergentes.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), en el periodo abril 2024 – marzo 2025, el 70,7 % de la población ocupada en el Perú trabajaba en condiciones de informalidad, la cifra es aún más dramática en las zonas rurales, donde alcanza el 94,6 %, mientras que en las áreas urbanas se mantiene en un preocupante 65,1 %, esta situación no es nueva: diversos informes de la OCDE, la CEPAL y el Banco Mundial han advertido reiteradamente que la informalidad en el Perú se ubica entre las más altas de la región, superando en más de veinte puntos porcentuales el promedio latinoamericano; este peso estructural impide que el crecimiento económico se traduzca en bienestar equitativo y sostenido para la población.

Hablar de informalidad es hablar de una paradoja: mientras el país presenta sólidos indicadores macroeconómicos, la mayoría de sus trabajadores vive al margen de la formalidad, el verdadero costo invisible no se mide únicamente en la baja productividad o en la pérdida de ingresos fiscales, sino también en la falta de oportunidades, en la imposibilidad de planificar un futuro y en la perpetuación de la desigualdad social.

El impacto de la informalidad en el Perú es múltiple y profundo, desde una perspectiva económica, el Instituto Peruano de Economía (IPE) señala que un trabajador formal produce, en promedio, seis veces más que uno informal, esta brecha de productividad se convierte en un círculo vicioso: al no poder acceder a capacitación ni financiamiento, los trabajadores informales permanecen atrapados en actividades de bajo valor agregado, lo que reduce su capacidad de crecimiento y limita el dinamismo general de la economía; de esta manera, el país mantiene un gran segmento de su población ocupada en actividades poco productivas, lo que frena su competitividad frente a economías emergentes más diversificadas y con mayor nivel de formalización.

Pérdida de recaudación

Otro de los costos invisibles de la informalidad es la pérdida de recaudación fiscal, según estimaciones de la OCDE, cerca del 59 % del PBI peruano se genera en el sector informal, lo que significa que una parte considerable de la actividad económica no contribuye al financiamiento de servicios básicos como salud, educación o infraestructura, esta evasión estructural limita al Estado en su capacidad de redistribuir recursos y atender a las poblaciones más vulnerables, perpetuando así las desigualdades sociales. A nivel social, la informalidad se traduce en desprotección y vulnerabilidad, la CEPAL estima que más del 77 % de las mujeres trabajadoras en el Perú se encuentran en la informalidad, cifra que supera al 71 % de los hombres; este sesgo de género refleja la precariedad laboral de miles de mujeres que combinan responsabilidades domésticas con trabajos sin beneficios ni estabilidad, asimismo, el vínculo entre informalidad y pobreza es evidente: el 60 % de los hogares peruanos que dependen de ingresos informales se encuentran expuestos a riesgos constantes de inseguridad alimentaria, exclusión financiera y falta de cobertura en salud o pensiones.

Las causas de este problema estructural son múltiples, entre ellas destacan los altos costos no salariales asociados a la formalidad, la complejidad de la regulación tributaria y laboral, y la baja calidad del sistema educativo que limita las competencias de la fuerza laboral, en sectores como agricultura, pesca y construcción, la informalidad supera el 80 %, lo que evidencia que gran parte del aparato productivo nacional opera en condiciones precarias, ante este panorama, el crecimiento económico del Perú pierde fuerza y se vuelve incapaz de cerrar las brechas sociales y regionales que lo caracterizan.

La informalidad en el Perú constituye un obstáculo histórico y estructural que impide el despegue del país hacia un desarrollo inclusivo y sostenible, sus consecuencias se sienten en todos los niveles: frena la productividad de los trabajadores, erosiona la capacidad fiscal del Estado, amplía las brechas de género y de ingresos, y debilita la cohesión social, aunque el Perú ha mostrado avances macroeconómicos, no ha logrado traducirlos en un sistema laboral y productivo sólido que asegure bienestar para la mayoría de su población, la persistencia de esta problemática explica, en buena medida, por qué el país no logra despegar, pese a contar con abundantes recursos naturales y estabilidad económica.

Desafío social

En este contexto, la informalidad no debe ser entendida únicamente como un problema económico, sino también como un desafío social y político, combatirla exige un cambio de enfoque: de la simple fiscalización hacia la construcción de un entorno que incentive la formalización, mejore las capacidades productivas y ofrezca verdaderos beneficios a quienes deciden integrarse al circuito formal.

Superar la informalidad en el Perú requiere de una estrategia integral, en primer lugar, es fundamental reducir los costos y barreras que desincentivan la formalización, simplificando los trámites y flexibilizando la normativa para las pequeñas y medianas empresas, que son las más afectadas por la rigidez del sistema actual, asimismo, se necesita una apuesta decidida por la educación y la capacitación laboral, reconociendo que solo una fuerza de trabajo calificada podrá transitar hacia actividades más productivas. De igual manera, resulta urgente modernizar las políticas de inclusión social, con un enfoque especial en mujeres y jóvenes, quienes enfrentan mayores obstáculos para acceder a empleos de calidad, programas de capacitación, créditos accesibles, licencias equitativas y apoyo a emprendimientos pueden contribuir a romper el círculo de precariedad; finalmente, el Estado debe fortalecer los incentivos positivos hacia la formalización, garantizando que quienes se integren al sistema puedan acceder efectivamente a protección social, financiamiento y mercados más competitivos.

El Perú no podrá despegar mientras la mayoría de su población permanezca atrapada en la informalidad. Reconocer y enfrentar este costo invisible no solo es una necesidad económica, sino también un imperativo moral para avanzar hacia un país más justo, inclusivo y próspero.

------

(*) Economista y docente de la Universidad de San Martín de Porres – Filial Norte | esalazars@usmp.pe

Leer más


LA POTENCIALIDAD MARÃTIMA DE LAMBAYEQUE: El mar ofrece al hombre grandes oportunidades y muchos sueños

Escribe: Ruy Díaz Sotomayor (*)
Edición N° 1415

  comentarios   

El mar no solo es considerado como un recurso natural inagotable, sino también es considerado como un medio de oportunidades tanto económicas, científicas como culturales. Para regiones como Lambayeque, que aún carece de una adecuada infraestructura portuaria, sea este un terminal portuario o de un puerto en específico, el mar simbolizaría un campo de oportunidades incalculable que podría revolucionar positivamente la economía, cultura y progreso de toda la región.

Recordemos que, desde tiempos muy remotos, las costas de toda nación, vinculadas al mar, siempre han sido cuna de actividades marítimas, actividades que impulsaron significativamente para su crecimiento. Para Lambayeque, la pesca, por ejemplo, es considerada una actividad fundamental donde un buen porcentaje de su población depende directamente de esta actividad para su subsistencia, sin embargo, con la ausencia de una adecuada infraestructura portuaria se limita el potencial de ampliar estas actividades vinculantes al mar y poder aprovechar a plenitud los beneficios que nos ofrece el mar.

Lambayeque no solo posee una riqueza arqueológica y cultural, su “Comercio, Agricultura y Turismo son los principales ejes de desarrollo económico que tiene la región Lambayeque”, señaló oportunamente el Dr. Moisés Montenegro López en una de sus magistrales ponencias, que combinada con todo su litoral costero, puede potenciar el turismo marítimo, los otros dos ejes importante de desarrollo como Canon Minero y Canon Pesquero, no tiene un gran apogeo por el momento dentro de nuestra región.

Con la creación de un Terminal Portuario moderno y seguro, se facilitará el acceso para actividades recreativas, cruceros y eventos socioculturales, logrando de esta manera visitantes de carácter nacional como internacional, promoviendo de esta manera la economía regional.

Es preciso señalar que para que el mar ofrezca grandes oportunidades y muchos sueños, el sector marítimo no solo debe centrarse en tener una adecuada infraestructura portuaria, sino también enfocarnos en la innovación, sostenibilidad y bienestar de la comunidad. La implementación de tecnologías verdes y prácticas responsables asegurará que el aprovechamiento del mar beneficie a Lambayeque sin comprometer su biodiversidad. En relación al futuro terminal portuario “… se priorizará la creación de zonas verdes, viviendas y cortinas de árboles de gran tamaño que actuarán como cortinas de viento y protección ambiental, integrando de esta manera el desarrollo portuario con el cuidado del entorno natural”. (R. Diaz. 15 May 2025. Lambayeque avanza hacia un moderno puerto multifuncional: innovación, sostenibilidad y desarrollo regional. Semanario Regional Expresión). Por otro lado, la pesca sustentable, energías renovables marinas y la acuicultura emergen como actividades con un gran potencial de desarrollo para surgir de sueños a realidad.

Un sueño con visión de futuro marítimo

La región Lambayeque y el sueño anhelado del terminal marítimo, fue el título de un artículo publicado oportunamente en el diario La Industria, 18 mayo 2015, que dio a conocer que contar con un terminal portuario en Lambayeque no solo era un sueño, sino una aspiración, una meta a la que queríamos alcanzar con una adecuada planificación estratégica, una inversión y un compromiso serio de todos los actores involucrados (autoridades y comunidad civil). Este suceso está sucediendo hoy en día a paso aligerado, aunque con ciertas limitaciones por las autoridades de turno.

Para finalizar, es importante destacar a una eminencia en el sector marítimo, Dr. Manuel Urcia Larios, miembro de la “Comisión de Desastres Marítimos” de la Capitanía del Puerto di Trieste – Italia y asesor de numerosas tesis en la USAT – Escuela de Ingeniería Naval en Chiclayo, Perú. Quien me afirmó que: “El mar ofrece al hombre grandes oportunidades y muchos sueños”. Esta frase solo nos hace entender que el mar es una fuente inagotable de posibilidades y esperanza para las personas. Las oportunidades que nos brinda el mar, está relacionado con las diversas actividades que se pueden realizar y que no se está aprovechando de manera idónea, perdiendo la oportunidad de beneficiarnos en los diferentes rubros que ofrece el sector marítimo, sólo podríamos aprovechar este enorme potencial si existe compromiso y una adecuada visón a futuro por parte de todos los lambayecanos.

--------------- 

(*) Ingeniero Naval, magíster en Gestión Pública, con estudio de maestría en Administración Marítima y Portuaria.

 

Leer más


PARÃSITOS EN LOS PECES DEL RÃO MOTUPE: Una amenaza invisible en los ecosistemas acuáticos

Escribe: Ralph Isí Sánchez Lozada (*)
Edición N° 1415

  comentarios   

La cuenca del río Motupe (Lambayeque) posee una notable biodiversidad, pero las alteraciones humanas y la falta de estudios limitan el conocimiento sobre su fauna parasitaria.

Esta interacción entre peces y parásitos no solo incide en la salud y desarrollo de las especies ictiológicas, sino que también puede representar un riesgo potencial para la salud de las poblaciones locales. Ante este escenario, se realizó un estudio sobre la para la presencia de parásitos en peces del río Motupe. En donde la fauna parasitaria de los peces capturados del río Motupe fue: parásitos de la clase Digenea (metacercaria de Clinostomum sp. en el opérculo de Andinoacara rivulatus), así mismo de la clase Monogenea (parásitos de la fam. Dactylogyridae en branquias de Brycon atrocaudatus) y parásitos de la clase nemátoda (larvas de tipo 4 de Hysterothylacium sp. en estomago de Bryconamericus peruanus y Spirocamallanus sp. en estómago, ciegos pilóricos, intestino y zona visceral de Andinoacara rivulatus, Brycon atrocaudatus, Bryconamericus peruanus y Lebiasina bimaculata).

Si bien en su mayoría los parásitos se encontraron en la zona visceral, algunas larvas pueden penetrar la pared intestinal y entrar en los músculos. En este contexto la ausencia de parásitos en el músculo del pescado no nos garantiza que los consumidores de pescado no capturen en algún momento peces contaminados por toxinas producidas por el parásito, ciertos parásitos pueden liberar toxinas en el cuerpo del hospedero y estas toxinas pueden acumularse en el músculo del pescado (Murrieta, 2019). Por ello, es importante reportar estas especies de nemátodos encontrados en el trabajo de investigación, debido a sus posibles consecuencias en términos de salud pública.

En la investigación no se identificó las especies de las larvas del género Hysterothylacium sp. y Clinostomum sp. parásitos presentes en Bryconamericus peruanus y Andinoacara rivulatus respectivamente, se requieren de un análisis más riguroso para poder evaluar la capacidad zoonótica de estas larvas. Pues estudios expuestos por Raddatz et al. (2015) y Mahdy et al. (2024) reportan la alta capacidad zoonótica de estos parásitos que pueden afectar tanto la salud de los peces como la del hombre.

Estos hallazgos subrayan la importancia de fortalecer la investigación parasitológica en ambientes acuáticos continentales y generar información clave para la conservación de la biodiversidad y la salud pública en la región.

-------

(*) Biólogo Pesquero.

Leer más


YO NO SOY ARQUITECTO

Escribe: Luis Rolando Alarcón Llontop (*)
Edición N° 1415

  comentarios   

Crónica que gira en torno a azaroso error de inescrutable entidad gubernamental

Treinta y picos años después de truncar por decisión propia una -supongo- prometedora carrera de Arquitectura en una universidad local entonces casi de estreno, me he venido a enterar por estos días que, siempre, sí soy arquitecto. Treinta y picos años después de tenerla en el olvido profesional, un reporte de la Superintendencia Nacional de Educación Universitaria – Sunedu, me ha enmendado la plana y me atribuye un grado de bachiller en la materia, que, por supuesto desconozco… pero que ya graduado por equivocación -no mía, que quede claro- tampoco me molesta del todo.

En todo caso, estoy dispuesto a cargar la mochila que, tres décadas y más después, me devuelve las sentencias del karma. Haber dejado a la Arquitectura a medio andar se paga, entiendo. Es el karma -digo- porque un día tras un idilio de tres años con sus idas, con sus vueltas, rompí con ella sin más. Y me refugié en los brazos del periodismo con el que, valgan verdades, coqueteaba desde adolescente, fascinándome paradójicamente por la “arquitectura” de las páginas de diarios y revistas, primero, y por la literatura libre y comprometida de sus contenidos, después.

Pero es verdad también que nunca abandoné del todo a la Arquitectura. Nunca la ejercí como tal en su mundo real del diseño de edificaciones, el micro trazo de los espacios interiores de viviendas, comercios, oficinas o instalaciones varias, o el acomodo macro de urbanizaciones, unidades vecinales, zonas urbanas. Pero seguí su espíritu de orden, función y belleza en las piezas de prensa en las que trabajé primero, y en los materiales didácticos que me tocó producir como docente universitario, luego.

Es que treinta años y fracción después, mi admiración por la Arquitectura y los arquitectos sigue incólume. Admiro a la Arquitectura por ordenada, creativa, pero a la vez rigurosa. Admiro a la Arquitectura porque habita en las fronteras de la Ingeniería de construcciones y el Diseño de interiores y exteriores. De aquella tomando su disciplina, su exactitud, sus matemáticas; de éste, sus cuotas de innovación, sus márgenes de trasgresión, su libertad. La admiro porque pone orden en el caos, o eso quiere. Y lo hace sin renunciar a lo sencillamente bello.

Siempre algo más

A los arquitectos los admiro, porque entre otras cosas siempre son algo más. La historia está llena de ejemplos. El Renacimiento en especial: Miguel Ángel, Da Vinci, Rafael Sanzio, Georgio Vasari. Todos además pintores, escultores, acaso inventor uno, ilustrador el otro. Le Corbusier, siglos más adelante, sería conocido también como pintor y diseñador de mobiliario. La biografía pública de Frank Lloyd Wright le reconoce, a su turno, como “un prolífico arquitecto, fue un influyente escritor, editor y profesor de diseño”.

A los arquitectos, es como si la arquitectura no les bastase. No creo haya sujetos más inconformes que los arquitectos. Mal recuerdo una película italiana o francesa que vi en algún festival. Al personaje central, un duro investigador de misterios policiales, le hacía dupla una arquitecta de nombre Mina o Mimí (no sé, insisto si era italiana o francesa), una mujer fascinante de pretendido descontento con todo lo que se le ofrecía: el menú de un restaurante, la disposición de los muebles en su apartamento, la orientación de las ventanas de la habitación de cierto hotel... En su obsesión por la perfección, la mujer era retratada con divertida crueldad debido a su manía de pretender siempre algo distinto a lo que había.

Volviendo a la crónica que gira en torno al azaroso error de la inescrutable entidad gubernamental ya mencionada, no sé reclamarles o esperar paciente que el equívoco se subsane solo, una vez los funcionarios reparen por sí mismos en él.

No sé cuánto durará el error. Ni me ufano ni me afano, irrogándome -aprovechado- un derecho profesional que no me es propio. Pero por ahora me entrego a la fantasía de ser parte de ese club selecto y caprichoso que supone el gremio de arquitectos del país y del mundo. Me dejo envolver en tus brazos otra vez, Arquitectura. Como clama el bolero: “soy tuyo porque lo dicta un papel". Soy tuyo mientras nos dure el error.

--------

(*) Colaborador y articulista.

Leer más


La sangrecita

Escribe: Beder Bocanegra Vilcamango (*)
Edición N° 1415

  comentarios   

Estaba en tránsito de Lisboa a Madrid, en un rinconcito del mundo, cuando tuve acceso a internet e, intempestivamente, me enteré de que ya existía una olla política. De inmediato, recordé la olla de Ollanta y un poquito más atrás también el vasito de leche de Alfonso Barrantes Lingán. Resulta que, en la farándula mediocre de la política peruana, donde cada quien hace lo que piensa y habla lo que quiere, pues la olla política es una motejada miserable y poco educada que no respeta la condición humana de las madres dedicadas a preparar la sangrecita para combatir la anemia.

La velocidad grosera del candidato, en medio de sus chanchadas, y en zona vip de su propio tren, no respeta. En sus paranoias, piensa que todos son caviares menos él, que solo come hueveras para invitados con cierta diplomacia. Tanto como él, por ahí divaga otro señor que distingue que el ciudadano que viven fuera del congreso debe comer alfalfa y no sangrecita como necesidad frente a la anemia. Ayer y mucho tiempo atrás fue el vaso de leche de Barrantes, hoy es la sangrecita como el cañazo para Lezcano cuando fue candidato presidencial.

El cañazo de Lezcano fue una respuesta inmediata y harta de política cuyo embuste acentuaba el poder de la costumbre antes el fragor del conocimiento académico o por lo menos recomendado oficialmente.  Responderle a la necesidad desde el rincón de la política es no dejar el poder bajo cualquier despropósito incluso el que insulta la condición humana. Para el pobre está en cañazo, para que el que tiene unos soles estuvo la ivermectina, para otros fueron clínicas que agudizaron la discriminación.  La sangrecita maloliente pudo y se debió captar por el altísimo desarrollo del olfato de cualquier cerdo. No se entiende que un cerdo celeste no sea capaz de detectar que la sangrecita huela mal como el trencito que se las trae por un solo riel. El olfato porcino debió ser más prudente y no calificar a la ollita política, porque tendría el mismo valor de la ignorancia atrevida de otro señor que de multiplicación sabe mucho como de camas Susy en plena campaña política.

Consumo y política

La sangrecita del cerdo celeste se acoge a la costumbre que se subsume a los patrones miserables para definir relaciones entre pobreza y sangrecita, pues dinero no hay más que para comprar sangrecita de mal olor, pero sí hay dinero para otros asuntos siniestros como romper contratos internacionales y pagar millonarios honorarios a furtivos y expertos en asuntos abogadiles. Incorporar la sangrecita significa estar a tono con los diez soles de la señora Dina, por la misma razón; es decir, se come hasta postrecito con diez soles que dinero debe alcanzar para los Rolex de antaño. El consumo de sangrecita pareciera que es suficiente cuando en realidad existen vegetales verdes y legumbres para mitigar la anemia, algunos frutos secos también son opcionales, pero hasta la «sangrecita de pollo» podría ser útil siempre y cuando no tenga mal olor para una potencia mundial. Ofrecerles sangrecita desdibuja el aprendizaje sobre política, porque el consumo no solo aliviaría la anemia, sino que se entiende que, para ellos, es lo único, cuando se sabe que no es suficiente en un país donde las políticas de salud preventiva no existen.

Negociar con la hambruna de mucha gente dependiente siempre será una fórmula esquizofrénica de cualquier candidato con los mejores asesores, porque saben que por cada dosis de sangrecita es un voto seguro. Alienarse de cualquier límite para satisfacer las necesidades que buscan mitigar la anemia es muy simple porque profundiza la desigualdad y agudiza la discriminación, tanto así que, para los ciudadanos de Chosica, es suficiente un tren chatarra antes que acudir a la tecnología que cualquier ciudadano se lo merece. Finalmente, no se necesita aprender o experimentar sobre las necesidades para atropellar la dignidad porque buscar los votos en cualquier cerro es un canje temporal que a nadie le interesa y que a muchos les interesa. Todo elllo porque el poder del subordinado resiste y condiciona su voto para pervivir por debajo sin respirar bienaventuranzas cuando su candidato niegue el olorcillo de sangre en mal estado, pese a que un cerdo sabe distinguir aromas.

 --------------------

(*) Docente e investigador Renacyt. Palmas Magisteriales 2016.

Leer más