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¿MARTÍN VIZCARRA PLANTEARÁ LA CUESTIÓN DE CONFIANZA Y ESCUCHAREMOS “DISOLVER”?

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1114

La rápida visita del presidente Martín Vizcarra al Congreso de la República, acompañado del premier y del ministro de Justicia el último martes 21 de mayo para dejar un oficio dirigido a la titular de la Comisión de Constitución, Rosa Bartra (Fuerza Popular), explicándole que no existen condiciones para archivar la reforma política, levantó polvareda entre la mayoría de congresistas y de inmediato los analistas  refirieron que innecesariamente volvían las fricciones entre Legislativo y Ejecutivo.

El bendito documento registraba la justificación de su no participación en la reunión de la Comisión de Constitución porque no estaban dadas las condiciones de la reforma política, lo que en su opinión y la de sus ministros evidenciaba que no hay voluntad de cambio en el Parlamento para tratar los proyectos de reforma política. Y así quedó demostrado después que vimos que el grupo parlamentario envió al archivo el proyecto de ley que trataba sobre la inmunidad de los congresistas.

Al Ejecutivo no le falta razón, el país ha presenciado que en menos de 24 horas la Comisión de Constitución trata el primer proyecto de reforma política, acerca de la inmunidad parlamentaria, y lo manda al archivo sin opción de discusión, sin opción de sustento del Ejecutivo, sin opción de un debate profundo y esta actitud enerva no solo al presidente Vizcarra, también a todos los miembros del Ejecutivo y a la mayoría de la ciudadanía peruana. Es obvio que el Congreso muestra un tipo de actitudes que indican que no hay voluntad de cambio para llegar a la celebración del Bicentenario con una mejor posición.

Es indiscutible que hay una crisis desatada entre dos poderes del Estado, la que podríamos decir, con la experiencia de los años, que es cíclica. ¿Cuándo se da esta y por qué ocurre? Cada vez que los políticos muestran incapacidad para dirigir los destinos del país, como sucede ahora. El Ejecutivo, así como el Legislativo, ha reabierto las heridas que les dejó el último proceso electoral y cada vez que pueden desviar la atención a sus respectivos fueros alientan hechos con los que pareciera que se rompe con el orden constitucional.

Creo no equivocarme al afirmar que este Congreso es el más improductivo, el más sectario, el que más vergüenza nos produce a los peruanos. No miento cuando escribo al referirme que este Congreso vive de espaldas a la realidad peruana, entorpece los cambios, blinda a los corruptos y encarpeta proyectos de ley que ayudarían a que en el futuro podamos tener representantes menos contaminados y más capaces que los actuales.

El gobierno, al estar huérfano de representación parlamentaria calificada, busca apoyo popular y aún lo tiene, obviamente no con la fuerza con la que empezó Vizcarra, quien hizo tambalear al Congreso al momento de presentar las iniciativas parlamentarias y pedir el referéndum ampliamente respaldado, precisamente en el afán de concretizar reformas políticas para nuestro país.

El país está paralizado, cada día la brecha de desempleo se abre más, la pobreza crece, la inversión se contrae, la minería está paralizada, la mediocridad de la clase política que nos representa en los gobiernos locales y regionales en cinco meses de gestión parece no importar. No hay crecimiento económico y entre tanto las aspiraciones del pueblo cada día son una frustración.

Los avances de inversión son cada día más preocupantes, en tanto los estándares de educación, salud e infraestructura son desalentadores. 

Por ello, como hace más de un año, volvemos a escuchar en estos días la posibilidad de una cuestión de confianza que allane el camino hacia el cierre del Congreso o la vacancia presidencial de Martín Vizcarra. Entre tanto, la congresista fujimorista Rosa Bartra remece las bases del pensamiento político llamando a la defensa de principios republicanos. Somos advertidos de una situación hilarante o hepática, indudablemente una película gratuita en la que veremos actores fácilmente partidos en dos sectores,  unos a favor y otros en contra del “disolver”.

Aunque nieguen, la mayor fortaleza del presidente Vizcarra es el descrédito del Congreso ante la población. Si no se procesa con inteligencia la crítica, pues sí podríamos ir hacia el choque de fuerzas que favorezca al Ejecutivo. Sin embargo, ya varias voces están señalando a los fujimoristas que de nuevo los traicionó su arrogancia y probablemente el sector pragmático de esa bancada, cansado de guerra, también presione por una salida intermedia. Una revisión del tema no es mal negocio. Renunciar a dos años de sueldo sería una pérdida intolerable.

La inmunidad parlamentaria protege en Perú a los congresistas de arresto o de ser procesados por delitos comunes, salvo delito flagrante, sin que previamente lo autorice el Congreso.

Esperemos a ver qué sucede en los próximos días, ¿se plantea o no una cuestión de confianza y queda el camino libre para decidir por el cierre del Congreso, que con toda justicia el pueblo peruano aprueba?

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