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ALFONSO VELÁSQUEZ TUESTA: Propone convertir a El Niño en una oportunidad de desarrollo económico y social para el norte

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1465

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Durante la 141.° Cátedra Perú, realizada por la Universidad de San Martín de Porres – USMP Filial Norte, el exministro de la Producción, Alfonso Velásquez Tuesta, abogó por un cambio de paradigma: pasar de la reacción tardía ante los desastres naturales a una gestión prospectiva basada en la innovación agrícola, la acuicultura temporal y la inversión estratégica.

Velásquez Tuesta, quien también se desempeñó como jefe de Sierra Exportadora y presidente de la Asociación Regional de Exportadores de Lambayeque – AREX, expuso una visión analítica e histórica sobre el impacto del Fenómeno El Niño en la economía peruana, formulando propuestas concretas para mitigar sus daños y aprovechar sus recursos hídricos en beneficio de las poblaciones más vulnerables.

Resaltó la necesidad de mirar hacia el pasado y asumir un rol solidario desde el sector privado. Dijo que la región Lambayeque, marcada por altos índices de pobreza, sufre con mayor rigurosidad el embate de las variaciones climáticas. En ese contexto, sostuvo que "los antiguos lambayecanos aprendieron a prepararse, algo que no se hace en tiempos modernos", subrayando que la historia debe servir como referencia para prospectar, organizarse y menguar el impacto socioeconómico en los ámbitos familiar y empresarial.

"Lambayeque ha sabido adaptarse, ha sobrevivido y por supuesto hemos aprendido a innovar y a crecer después de El Niño. Sin embargo, es importante mirar la historia, porque quien no conoce su historia está condenado a repetir los errores", afirmó.

El Niño en las cifras

Para dimensionar la severidad de este evento climático, Alfonso Velásquez repasó los datos oficiales de las crisis pasadas en la economía real. En el evento de 1983, el Producto Bruto Interno (PBI) del Perú sufrió un desplome del 11.8 %, el sector pesquero cayó un 40 % y la actividad agropecuaria perdió un 8 %. Las pérdidas materiales superaron los 3200 millones de dólares y dejaron a más de 1.3 millones de peruanos en condición de damnificados, borrando prácticamente la infraestructura vial de Piura y Lambayeque.

Un escenario similar se repitió 15 años después, en 1998, cuando el fenómeno generó daños por 3500 millones de dólares —equivalentes al 6.52 % del PBI de la época— y destruyó más de 42 000 viviendas a nivel nacional. En Chiclayo, las precipitaciones alcanzaron los 623 milímetros, es decir, la cantidad equivalente a un año entero de lluvias concentrada en solo 30 días, lo que transformó las arterias urbanas en ríos e inmovilizó por completo la producción.

Frente a esta recurrencia de desastres, el expositor cuestionó la inacción del Estado en materia de prevención estructural. Hizo especial hincapié en la falta de descolmatación de las cuencas hidrográficas en el norte del país, donde la acumulación continua de sedimentos eleva el lecho de los ríos por encima del nivel de las ciudades, impidiendo el flujo natural del agua hacia el mar y provocando inundaciones severas.

"Tras cuatro décadas de trabajo del sector productivo de todos nosotros, ¿por qué Perú, por qué seguimos reaccionando a la emergencia en lugar de anticipar soluciones?", cuestionó Velásquez Tuesta, comparando la realidad nacional con las inversiones técnicas sostenidas e híbridas que ha realizado Ecuador en trasvases y represas de control para que sus ríos fluyan sin destruir las zonas urbanas.

Resiliencia del sector agroindustrial

A pesar de las deficiencias en la infraestructura pública, el sector agroexportador privado ha desarrollado capacidades de adaptación operativa fruto de la experiencia acumulada. Velásquez puso como ejemplo el adelanto de las siembras de determinados cultivos a los meses de septiembre u octubre, así como la aplicación de controladores fisiológicos en la producción de arándanos para evitar la caída de la floración, tal como ocurrió en la campaña de los años 2023 y 2024, cuando el volumen productivo nacional cayó en 40 %.

No obstante, la adaptación agronómica resulta insuficiente si la cadena logística colapsa a causa de las lluvias. El exministro explicó que, aunque una planta procesadora conserve su stock de alimentos en óptimas condiciones, la destrucción de las vías de acceso impide el traslado de las mercancías hacia los principales puertos de salida, como Paita o el Callao, dejando a las empresas inmovilizadas. Recomponer el aparato productivo dañado no es un proceso inmediato ni administrativo.

"Como siempre digo, la recuperación de un fundo, de un proceso industrial, no toma un decreto, nada se cambia por decreto. Requiere entre 3 a 5 años de trabajo continuo para restaurar la capacidad productiva de esa actividad", enfatizó. El fenómeno meteorológico tiene un carácter dual: destruye la infraestructura urbana no planificada, pero a la vez reactiva el vigor vegetativo del desierto costero. De acuerdo con el expositor, el reto consiste en contar con "un Estado que camine a su lado, facilitando, invirtiendo y garantizando mercados", imitando la sabiduría de las culturas ancestrales que sembraban, pescaban y criaban ganado en función de las fluctuaciones del agua.

Agricultura y acuicultura

Una de las propuestas centrales de la ponencia fue la implementación de cultivos de ciclo corto —de 40 a 90 días— como el frejol de palo, frejol Castilla, zarandaja, frejol negro y pallares, los cuales permiten aprovechar la humedad remanente y obtener cosechas de rápida maduración antes de que las condiciones climáticas se degraden. Recordó que durante El Niño de 1997-1998, la decisión estratégica de sembrar leguminosas en plena lluvia permitió a la región abastecer al mercado internacional cuando el resto de competidores carecía de oferta exportable.

Asimismo, planteó articular esta producción con las compras públicas de alimentos a través del Programa de Alimentación Escolar, el cual maneja un presupuesto anual de 2577 millones de soles para atender a más de 4 millones de estudiantes. Según Alfonso Velásquez, es imperativo corregir la distorsión actual donde el Estado adquiere insumos importados de países vecinos por falta de organización y planificación de la agricultura familiar local.

En el plano hídrico y acuícola, propuso el plan denominado "Agua Productiva", un protocolo inmediato para intervenir las lagunas temporales que se forman tras la retirada de las precipitaciones en zonas áridas. "Una laguna temporal de 5 hectáreas bien manejada genera entre 15 y 20 toneladas de proteína animal en 90 días, transformando una amenaza hídrica en un negocio productivo real para las familias", detalló el exministro, sugiriendo la siembra intencionada de alevinos de tilapia y camarón de agua dulce en lugar de depender de especies silvestres de menor valor nutricional o comercial.

Medidas urgentes

Para viabilizar este modelo prospectivo, el expresidente de AREX demandó a las autoridades gubernamentales una acción drástica articulada en tres ejes normativos e institucionales. En primer lugar, exigió una Ley de Drenaje Fluvial Urbano Obligatorio que prohíba financiar obras de pavimentación sin incluir sistemas subterráneos de captación de agua. En segundo término, planteó la aplicación de sanciones presupuestales y penalizaciones a los municipios que muestren cero ejecución técnica en prevención. Finalmente, solicitó el despliegue de paquetes tecnológicos de emergencia que incluyan geomembranas, maquinaria agrícola y kits de semillas y forrajes para la costa norte.

En esa misma línea, Velásquez Tuesta destacó la figura del "alcalde productivo" y el liderazgo de los gobiernos regionales como motores centrales del desarrollo económico local. Señaló que las autoridades subnacionales pueden utilizar hasta el 15 % de su presupuesto de inversión pública a través de los fondos de ProCompite para cofinanciar planes de negocio de productores organizados, adquirir maquinaria e instalar bancos comunales de forraje antes de la llegada de las precipitaciones, evitando esperar decisiones centralizadas desde la capital.

De igual manera, el exministro instó a agilizar los reglamentos de Obras por Impuestos para incorporar la cogestión de proyectos productivos entre el empresariado y el sector público. La clave de toda esta estrategia radica en la velocidad de ejecución y la preparación previa a la emergencia pluvial, puesto que lo que no se organice con anticipación resultará imposible de realizar durante la crisis.

"Lo que no se haga antes de que caiga el agua, no se podrá hacer después", concluyó Alfonso Velásquez Tuesta, haciendo un llamado final a los profesionales, académicos y jóvenes empresarios para poner la técnica al servicio de la resiliencia regional. "El Perú cuenta con la historia, los recursos y el talento para liderar la gestión del clima. Lo que necesitamos es determinación para actuar con anticipación", enfatizó.

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