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LA IMPOSICIÓN BOLIVARIANA EN EL NORTE PERUANO: La Constitución Vitalicia en Lambayeque

Escribe: Freddy Centurión González (*)
Edición N° 1465

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Tras las decisivas victorias de Junín y Ayacucho, Simón Bolívar transitó hacia un sistema político abiertamente autoritario, bajo el cual, diseñó la Constitución de 1826, la única de la historia peruana en no ser sancionada por un Congreso Constituyente. A dos siglos de la partida de Bolívar del territorio peruano, ofrecemos estos apuntes sobre la Constitución bolivariana y la provincia de Lambayeque.

Desde febrero de 1824, ante la situación de las fuerzas patriotas, Bolívar fue designado por un año dictador del Perú. Vencido el año de poderes dictatoriales con los triunfos de Junín y Ayacucho, el Congreso volvió a reunirse y prorrogó un año los poderes de Bolívar. A continuación, el Libertador convocó a elecciones para un nuevo Congreso, que se reunió en marzo de 1826, suspendiendo sus sesiones hasta el siguiente año tras consultar a los pueblos si se debía o no reformar la Constitución de 1823.

Mientras tanto, el Libertador estableció un gobierno policial de la mano del ministro Tomás Heres, donde deportó, encarceló y hasta fusiló opositores. Bolívar también adoptó medidas impopulares a favor del mantenimiento de la esclavitud y de la restauración del tributo indígena, desconociendo la existencia de las comunidades indígenas, reconocidas y amparadas por la legislación virreinal. En este clima de constantes coacciones, Bolívar envío un proyecto constitucional a cada uno de los Colegios Electorales de las provincias del Perú, que serviles, aprobaron la nueva Constitución, salvo la excepción del Colegio Electoral de Tarapacá (posiblemente por la intervención del subprefecto, teniente coronel Ramón Castilla).

Bolívar buscaba confederar a los países andinos, y el Perú no podía quedar excluido de su proyecto. Para ello, aspiró conciliar los ideales democráticos con la estabilidad de la monarquía, creyendo que podía hacerlo con cuatro poderes del Estado: un ejecutivo vitalicio, un legislativo tricameral, una judicatura independiente y un poder electoral.

La deliberación del colegio electoral lambayecano

En el departamento de La Libertad, la maquinaria administrativa, liderada por el prefecto Luis José de Orbegoso, garantizó que la voluntad del Libertador se tradujera en una adhesión formal, a la par que cumplía con las órdenes bolivarianas de conformar un batallón y juntar recursos para el pago de la tropa.

El 7 de agosto de 1826, sesionó el Colegio Electoral de Lambayeque para analizar el proyecto remitido por el Ministerio de Estado. La sesión, presidida por el coronel Baltasar Muro de Rojas, contó con la participación de autoridades como el intendente Santiago Leguía, y vecinos destacados como José Leonardo Ortiz, Gervasio Arizola, el sacerdote Lázaro de Villasante, los abogados Pedro Antonio López Vidaurre y Francisco Solano Fernández, entre otros.

El acta de la sesión, firmada por los escribanos Juan de Dios Salazar y Meléndez y José Matías Delgado, consigna que la reunión aprobó el proyecto constitucional “a una voz”. Previamente, el texto había sido distribuido para que los miembros meditasen sus puntos. El intendente Leguía y el escribano Delgado fundamentaron esta adhesión vinculando la supervivencia de la República con la figura del Libertador, a quien atribuían exclusivamente la libertad de la Patria, siendo prudente delegar en él todos los poderes para evitar los “trámites de elecciones populares, origen de muchos males”. Sostuvieron que el Perú no tenía leyes estables y que para su sanción no solo se necesitaban conocimientos, sino también carácter y opinión pública, prendas que se hallaban reunidas en el Libertador de Colombia, Perú y Bolivia. Cabe señalar que el documento registró la ausencia de varios miembros por enfermedad o encontrarse fuera de la provincia, lo que matiza la supuesta representatividad de este respaldo unánime al cesarismo consular.

Esta adhesión lambayecana no fue un hecho aislado. El 12 de agosto, el prefecto Luis José de Orbegoso comunicó desde Trujillo (nombrado en aquella época, Ciudad de Bolívar), que el proyecto había sido "generalmente aplaudido" en todo el departamento, asegurando que el espíritu de los pueblos era unísono con el de la capital. Ello fue ratificado en la edición de El Peruano del 23 de agosto: “En todas las actas que hemos leído, sobreabunda el amor al bien público y á Bolívar que lo conquistó”.

El efímero destino del texto constitucional

Sin embargo, el destino de la Constitución Vitalicia fue sumamente efímero. Al partir Bolívar hacia la Gran Colombia en septiembre de 1826, el malestar creció. La Constitución, promulgada por Santa Cruz en noviembre, se juró el 9 de diciembre arrojando monedas al pueblo; ante el grito de un ministro diciendo: "Viva la Constitución", la plebe respondió burlona: "Viva la plata". Apenas duró hasta el 27 de enero de 1827: tras sublevarse las impagas tropas colombianas en Lima, los liberales peruanos exigieron un cabildo abierto en Lima que derogó el texto bolivariano, volviendo a la Constitución de 1823.

El texto que prometía estabilidad eterna apenas sobrevivió siete semanas, demostrando que la imposición autoritaria, aunque respaldada por colegios complacientes como el de Lambayeque, carecía de raíces en la realidad política peruana. La derrota de la Constitución Vitalicia en el Perú marcó el comienzo del fin político del Libertador. Su sueño se derrumbaría como un castillo de naipes, condenándolo al destierro y a la muerte en Santa Marta en 1830.

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(*) Abogado, docente e historiador.

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Presencia de Nixa en Amauta

Escribe: Larcery Díaz Suárez (*)
Edición N° 1465

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En setiembre de 1926, exactamente hace 100 años, apareció el primer número de una revista que, en su tiempo, fue expresión del pensamiento revolucionario de nuestro país, autodefinida como de Doctrina, Arte, Literatura, Polémica. Su fundador y director: José Carlos Mariátegui. EI nombre de la publicación: Amauta. Nicanor de la Fuente Sifuentes, Nixa, colaboró allí desde 1927 a 1930.

Cincuenta años después del primer número de Amauta, en 1976 me llegó la colección en facsímile, de la revista más representativa del Perú contemporáneo. Gracias a la perspectiva iluminada por el paso de los años, puede reconocerse ahora el alcance profético de las palabras con las cuales José Carlos Mariátegui selló la presentación de Amauta: “Habrá que ser muy poco perspicaz para no darse cuenta de que al Perú le nace en este momento una revista histórica” (Amauta Nº 1, Lima IX-1926, Pag. 1).

En esta revista, Nixa publicó once poesías: Agosto, Palabra Amiga, 1º de Mayo, Naturaleza Muerta, Y va uno a la costurera, Nocturno, Contraseña, Rodaja, Acuarela, El Puerto y Los Poemas Rurales. Y tres comentarios de los libros Parábolas del Ande, de Nazario Chávez; Hacia una estética económica, de Magda Portal; y de Cantos del Arado y de las hélices, de César Miró Quesada. La última colaboración de Nixa en Amauta, fue una carta de adhesión ante la muerte de José Carlos, en la trigésima edición de la revista que dos números después terminaría su ciclo. 

El “Agosto” de Nixa

Fue, como su “A propósito”, anecdótica la aparición de Nixa en Amauta. En 1926 había remitido su poema “Agosto”. El N° 5 lo anunciaba en su sumario, con memorables poemas y narraciones. Revisando, el poema de Nixa nunca estuvo en ese número. Recién apareció en enero de 197, en el sumario y contenido de la Nº 6, con otros 18 poemas, entre ellos, dos del chiclayano Juan José Lora, a quien se dedicó toda una página.

“Agosto”, de Nixa no solo se refería al mes del calendario, sino también a la frialdad que junto con él traen sus días invernales, silenciosos, aburridos, desolados. Creo que el poeta lo sintió entonces, en 1926, como algunos lo sentimos, a veces, en los agostos de cada año: “El sol de agosto viene descalzo…/ Sus pies de campesino humilde/ para los adoquines de la calle/ son como dos noticias malas./ El viento se baja de los techos/ sin escala, sin nada;/ nos echa sus vahos/ y rompe con una carcajada/ los cristales/ de las mamparas del silencio./…

Como yo venía haciendo estos descubrimientos públicamente en La Industria, Nixa aprovechó sus “A propósito” para escribir el 7 de enero de 1994. Pág. 2: “Larcery Diaz viene haciendo relato de Amauta, y de la parte que me tocó, como colaborador de la revista de José Carlos Mariátegui. Y entre la descripción que hace de mi intervención destaca la pequeña odisea de mi poema ‘Agosto’, que figuraba en el sumario del número 5 y que sólo salió publicado en el número 6. Para el novato que era yo en poesía, habría de suponerse el mal momento que pasé cuando leí mi nombre en el Sumario, y al ojear la revista, no estaba ‘Agosto’. Fue un pequeño disgusto y algo de desengaño, porque los amigos me preguntaban lo sucedido y yo no tenía explicaciones que dar. Pero me llegó una carta de José Carlos, brindando disculpas por el asunto, que se debía como dijo, “al exceso de material en las cajas’. Se había quedado y saldría en el siguiente número, como que, en efecto, así fue. Y luego en otra carta me decía:

‘Hay sobreproducción poética. Los poemas se estorban unos a otros, en las cajas, para salir los primeros. Muchos, lógicamente, envejecen en la imprenta. Los obreros claman porque ahorremos espacio. Una de nuestras palabras de orden debe ser: la vuelta a la prosa. La prosa es disciplina y construcción. El verso es un riesgo de deserción y exceso. No lo digo por usted, que es, ante todo, poeta...’. Agradezco a Larcery Diaz, su propósito de historiar la vida de Amauta y hacer notar, con elocuentes palabras mi presencia en esa gran publicación literaria de los años 26, 27, 28 y 29, un poco olvidados y desconocidos para las nuevas generaciones”.

Al siguiente día, con el título: “Anécdota de un A propósito”, respondí: “En su ‘A propósito’ del 7 de enero de La Industria, Nixa me agradece el propósito de historiar la vida de Amauta y con ello su paso por la revista de Mariátegui; a la vez que explica el por qué su poema “Agosto”, que aparecía en el Sumario de la edición Nº 5, no se publicó en ese número sino en el siguiente, como anecdóticamente hice notar. EI hecho es que no fue la única vez que ocurrió esto con las colaboraciones de Nixa. Exactamente un año después, en febrero de 1928, Amauta Nº 12 anunciaba en su sumario el poema “Nocturno”, de Nixa, que no iría a aparecer sino en el contenido del Nº 13; anécdota para otro comentario.

En “Correspondencia, de Mariátegui”, epistolario al que Nixa ayudó a compilar, encontré la carta de la “superproducción poética...”, a la que hace referencia. Es la quinta que el vate chiclayano recibió, fechada el 12 de noviembre de 1928; es decir, casi dos años después de publicada su primera entrega que da pie a la anécdota de su “Agosto”; y ocho meses después de la de su “Nocturno”. 

AlIí, además, José Carlos traslada a Nixa su creencia que los mismos poetas deben disciplinar un poco sus medios de expresión y construcción en la prosa; y le dice que ya se está produciendo una corriente en este sentido. Abril -refiriéndose a Xavier- y otros poetas, están volviendo a la prosa, afirma. La carta es en respuesta a una de Nixa dirigida el 21 de octubre, luego de que éste “hubo anclado en todo el fondo de las cartas que usted me remite”.

En una anterior, fechada el 7 de octubre, Mariátegui le escribe: “Querido Nixa. Permítame llamarle desde Lima por este nombre fraternal e íntimo”; a lo que el aludido poeta contesta el 21: “Mi querido José Carlos. Quiero que se tome usted la facultad de llamarme tal como lo autorice su corazón. Acaso estamos demasiado aislados dentro del marco de un tratamiento que en nada justifica nuestras ideas y sentimientos. ¡Por eso, ya que usted busca la forma de llegar más a mi espíritu, hurra por eso! Contento estoy de tener un sitio en su recuerdo y también de recibir de vez en vez sus cartas con tanta vida y entusiasmo”.

Lo que Nixa también olvida en el tintero de su “A propósito” que me escribió, es que, en esa carta del 12 de noviembre, Mariátegui le informa estar trabajando activamente para reganar el tiempo perdido en sus labores durante la crisis en su salud. Le envía también sus “7 ensayos” y “Labor”, su nuevo periódico. Asimismo, le hace conocer dificultades y demora de su trabajo por escasez de recursos y le plantea a Nixa la posibilidad de organizar en Lambayeque un sólido grupo de “Amigos de Amauta”.

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(Extracto del estudio historiográfico NIXA y su relación con Amauta, del autor de este artículo).

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