Sube!

HOMENAJE AL AMAUTA: Guillermo Baca Aguinaga, 11 años después

Escribe: Guillermo Pérez Sialer (*)
Edición N° 1449

  comentarios   

Hay hombres que dejan huella por sus palabras; otros, por sus obras. Y existen aquellos seres excepcionales capaces de entregar su inteligencia, su vocación y toda su vida al servicio de los demás. Uno de ellos fue el doctor Guillermo Baca Aguinaga.

A las 8:30 de la mañana del 15 de mayo de 2015, Chiclayo perdió a una de sus mentes más brillantes y a uno de los hombres más respetados de su tiempo. Pero su partida física no significó ausencia, porque quienes han sembrado con nobleza permanecen para siempre en la memoria agradecida de su pueblo.

Visionario y profundamente comprometido con la juventud, hace más de medio siglo concibió una idea extraordinaria y única en el Perú: crear una institución de educación complementaria, comunal y espontánea, orientada al desarrollo humano, cultural y social de la niñez y la juventud lambayecana. Soñó aquella obra, la pensó y trabajó incansablemente hasta hacerla realidad.

Así nació la Casa Comunal de la Juventud, institución que hoy lleva con justicia su nombre y que continúa siendo útil, necesaria y profundamente vinculada al servicio de la comunidad lambayecana y nacional.

José Martí escribió alguna vez: “La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”. Y también afirmó: “Dar la vida solo es un derecho cuando se entrega desinteresadamente”. Ambas frases parecen describir con exactitud la existencia fecunda del maestro Guillermo Baca Aguinaga.

Insigne educador de excepcional vocación, partió al encuentro del Señor a los 92 años de edad. Su vida estuvo guiada por principios de honradez, modestia y austeridad. Fue disciplinado, metódico y cuidadoso de su salud, cualidades que contribuyeron a su admirable lucidez y longevidad.

Ejemplo y aprendizaje

Tuve con él algunas discrepancias durante mi paso por la CORDELAM. Yo presidía la Asociación de Trabajadores Contratados y luchábamos por alcanzar estabilidad laboral mediante el nombramiento. Él, como presidente de la institución, enfrentaba limitaciones presupuestales que impedían atender inmediatamente nuestra demanda. Sin embargo, luego de cada debate, con serenidad y afecto paternal, me explicaba las dificultades y pedía paciencia y tolerancia. Finalmente, el nombramiento llegó. Aquella experiencia fue para mí una lección de vida que jamás olvidaré.

Guillermo Baca dedicó su existencia al servicio público sin condiciones ni mezquindades. Fue un hombre extraordinario. Por eso, quienes integramos la Casa Comunal de la Juventud pensamos que hombres como él no desaparecen ni se sepultan: permanecen entre nosotros y su espíritu sigue acompañando cada actividad, cada desfile, cada nota musical de la Fanfarria de Lambayeque y cada esfuerzo orientado a la formación de la juventud.

Lo recordamos como aquel niño aplicado de la escuelita de las señoritas Bulnes; como el adolescente sanjosefino; como el universitario sanmarquino y dirigente estudiantil en la lucha contra las dictaduras. Pero también lo evocamos como el maestro sobrio, culto e inteligente; como el legislador ilustrado; como la autoridad eficiente y honesta; como el hombre de principios que supo sembrar respeto, conciencia y esperanza en generaciones enteras de jóvenes y ciudadanos.

Su legado

Domingo Faustino Sarmiento decía: “Los discípulos son la biografía del maestro”. Nosotros procuramos ser dignos de esa distinción. Nos ha correspondido honrar su obra y preservar su legado, cuidando y fortaleciendo la Casa Comunal de la Juventud Guillermo Baca Aguinaga. No tengo dudas de que eso es lo que él hubiera querido, y nosotros asumimos el firme compromiso de continuar haciéndolo.

Su sepelio fue una verdadera manifestación de afecto popular. Hombres, mujeres y jóvenes lo acompañamos con profundo dolor desde la Casa Comunal de la Juventud —donde fue velado— hasta el local del Partido Aprista Peruano y, posteriormente, al cementerio El Carmen de Chiclayo, en medio de los acordes solemnes de la Fanfarria de Lambayeque.

Lo extrañamos mucho. Guillermo Baca Aguinaga partió llevándose su erudición, su ejemplo y su inmenso amor por Chiclayo; pero dejó entre nosotros algo más importante: su obra, su doctrina moral y la inspiración de una vida consagrada al servicio.

Se fue a la región del silencio y de la paz, al encuentro de sus seres queridos. Adiós, Maestro… Adiós.

(*) Ingeniero, doctor en Administración.

Deja tu Comentario