La historia de Chiclayo está íntimamente ligada con la Orden de Frailes Menores. Los franciscanos llegaron a esta tierra a mediados del siglo XVI y empezaron inmediatamente con su tarea de evangelización. Fruto de ello terminaron de construir en 1583 la Iglesia Matriz, ubicada al lado de lo que queda del convento de Santa María. Lamentablemente, los franciscanos se fueron de Chiclayo en 1827 y en 1962 el templo fue demolido para dar paso “a la modernidad”.
El padre Mauro Vallejo, guardián del convento Sagrado Corazón de Jesús, de la Orden de los Frailes Menores, califica este hecho como un “crimen de lesa cultura”, parafraseando al historiador Walter Sáenz Lizarzaburu. Hoy, los franciscanos tienen un templo, la parroquia San Antonio de Padua, la cual desde el 2020 viene siendo remodelada de a pocos, a fin de que tenga la prestancia propia de una basílica, tal como los chiclayanos cariñosamente la llaman. Una de estas últimas mejoras ha sido el cambio de la puerta principal de metal por una de madera.
“Llegué en el 2020, era pandemia, pero ese tiempo sirvió para hacer algunas remodelaciones al convento y a la iglesia. Por ejemplo, se mejoró el sistema de sonido, la iluminación, se pintaron las paredes que antes eran grises y oscurecían, se mejoraron los altares, se hizo la restauración del mural de la bóveda que fue pintado por el artista Marcial Anhuamán Castro, pero faltaba algo: la puerta. En toda iglesia, más aún una basílica, la puerta es de madera, pero a esta se le pusieron de forma provisional puertas de metal. La parroquia solo tiene como ingresos la limosna de los fieles y el concepto de las misas, pero en Chiclayo la gente es generosa y gracias a su apoyo hemos logrado colocar la puerta principal de madera”, señala.
La transformación
El sacerdote cuenta que consultó por artistas carpinteros que pudiesen hacer ese trabajo, pero le dijeron que todos los especialistas estaban fuera. Aún así, no se rindió y dio con un carpintero de nombre Genaro Vidaurre, a quien primero le pidió unos trabajos sencillos al interior del recinto a modo de prueba, los cuales le fueron entregados puntualmente y con pulcritud. Entonces decidió comentarle sobre el proyecto del cambio de puertas, le mostró referencias de iglesias europeas y el carpintero inmediatamente aceptó.
“Hace un mes hicimos un bingo en la parroquia y con parte de las ganancias pudimos poner la puerta, cuyo tallado, pintado e instalación ha salido más de 50 mil soles. Pero el proyecto no solamente comprende esta puerta (la principal), sino también las dos puertas laterales. Ya estamos empezando con el trabajo, la madera se está secando, pero tendremos que hacer otras mejoras porque la parte de arriba es plana y debe quedar en arco para que se empareje estéticamente con la puerta principal”, señala el religioso.
Menciona que su proyección es gestionar ante la Santa Sede que a la parroquia San Antonio de Padua se le dé el título oficial de basílica, en honor a la trayectoria e importancia de los franciscanos en Chiclayo. Para esto -indica- se están haciendo todas estas mejoras, a fin de que el templo se encuentre a la par de la majestad del título de basílica, el cual ya de cariño los chiclayanos le han otorgado.
“Estas obras, más allá de que embellecen la iglesia, también quiero que sean un signo de esperanza, de coraje, de ánimo para que Chiclayo esté mejor. Esta es una ciudad con gente tan linda, pero está tan descuidada, pese a la fuerza económica del norte. Chiclayo se merece más, por eso hemos lanzado este proyecto de poner estas puertas hermosas”, asevera.
A futuro
De otro lado, señala que otro de sus sueños es que en lo que queda del convento de Santa María se levante al menos un museo que sirva de remembranza de la historia colonial de Chiclayo y el aporte de los franciscanos en la fundación de esta ciudad.
“Hasta la década del sesenta la Iglesia Matriz estaba en pie, pero por ampliar la calle San José se tumbó. Yo con dolor puedo entenderlo, pero no se tumbó la mitad, sino que se tumbó todo, hasta el fondo, se derribó totalmente. Allí nació la fe de Chiclayo, allí se bautizaron los abuelos, es conmovedor, duele. Hoy yo no quiero parar la iglesia, pero sí quisiera hacer al menos hacer un pequeño museo de lo que fue Chiclayo. Este espacio ahora le pertenece al colegio San José, pero todo turista cuando pasa lo único que ve son restos, abandono”, afirma.
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