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EL MACHISMO NO EMPODERA AL VARÓN, SINO QUE LO SOCAVA Y MUTILA

Escribe: Víctor H. Palacios Cruz (*)
Edición N° 1391

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El machismo se resiste a la derrota. Las realidades más antiguas tienen las raíces más profundas. Desde hace un tiempo en que las reivindicaciones igualitarias han tenido ciertos progresos, surgen voces de resistencia –incluso femeninas– que, entre la ferocidad y la paranoia, buscan preservar los privilegios masculinos con un extraño terror hacia algo tan justo y civilizado como la idea de que todas las personas, todas, son iguales.

¿En qué momento del camino empezamos a hacer nuestra esta mentalidad que, con argumentos tan superficiales, interpreta la diferencia biológica parcial entre varón y mujer como una desigualdad no de características sino de categoría humana? Según la experta en antropología evolutiva Ruth Mace (University College de Londres), su origen se sitúa en la aparición de la agricultura y el pastoreo hace miles de años. La acumulación de cosechas y ganado de esta nueva economía demandó un mayor uso de la capacidad física para su acarreo, su almacenamiento y, sobre todo, para su defensa ante la codicia de otras tribus.

En El cáliz y la espada. De las diosas y los dioses: culturas patriarcales, Riane Eisler demostró, por su parte, que el machismo no es inherente a nuestra especie y carece de sustento natural. De hecho, con anterioridad a la agricultura la humanidad rindió pleitesía al cuerpo femenino como principio de la vida y símbolo de la generación del universo.

En términos conceptuales, el machismo empieza exactamente cuando se toma la ventaja mecánico-motriz del cuerpo varonil como un valor absoluto. Como dice Yuval Noah Harari, en rigor no hay un solo tipo de fuerza. Incluso ellas superan a ellos en resistencia al hambre, el dolor, la fatiga y la enfermedad.

Además, toda mujer experimenta en la pubertad los cambios que la preparan para la maternidad, al margen de que finalmente ésta se consuma o no. Ser madre no hace a nadie ni más ni menos mujer, pero sin duda la aparición de una nueva vida supone, dentro del cuerpo femenino, una extraordinaria sincronización de funciones que comporta una enorme capacidad organizativa. Una virtud física totalmente vedada al varón.

La supuesta debilidad

De cualquier modo, el machismo es el producto de una comparación interesada que proyecta sobre la feminidad una debilidad que, contra toda evidencia, involucra ya no solo el rendimiento mecánico-motriz, sino también la inteligencia, la voluntad y las emociones. La mujer ya no es solo débil para cargar piedras o troncos de árboles, sino que lo es por completo y por el solo hecho de ser mujer.

Por su parte, consciente de su presunta preeminencia, el varón adopta responsabilidades sobre la mujer a la que juzga como delicada y desvalida. Un ser que solo puede aspirar a ser o parecer bella o, tal vez, a merecer esa extraña dignidad –tan conveniente a él, además– de ser vista como la “reina del hogar”. Dominio fuera del cual es por completo insignificante, justo porque se halla fuera de su lugar específico.

El varón machista cree ejercer una autoridad sobre la mujer a la que protege hasta “de sí misma”. Padre, hermano o novio están facultados para ejercer sobre ella el control y, llegado el caso, la corrección violenta. La mujer que desacate su deber es “ingrata” y su rebeldía ofende al varón machista que, por lo demás, curiosamente canta con despecho: “si me dejas, me mato” o “me dedico al alcohol”.

Impacto sobre el varón

Ocurre que la estridencia de esta injusticia es tan fuerte que termina, sin embargo, por opacar el hecho igualmente grave de que, antes de perjudicar a la mujer, a la familia, a la crianza de los hijos y a la sociedad en su conjunto, el machismo empieza por socavar al propio varón.

Como dice la especialista en psiquiatría Anne Maria Möller-Leimkühler, esta mentalidad coloca sobre los hombros del varón la obligación de ser o parecer “fuerte, racional, dominante, competitivo, invulnerable y positivo”. Parámetros que no siempre es posible contentar. Agobiado por estas expectativas, el varón se halla poco preparado para aceptar la frustración, el desempleo y la derrota. Como “los chicos no lloran”, a ellos se les educa para negar sus dolencias físicas o mentales. Autonegación que inevitablemente causará estragos con el tiempo.

Obligado a tener peleas y borracheras, a correr riesgos inconvenientes y una iniciación sexual temprana que no necesariamente quiere tener, el chico vive el atenazante miedo de no parecer suficientemente “macho”. Con el fin de sobrevivir por medio de la pertenencia y el estereotipo, termina por torcer su crecimiento y abandonar para siempre la armonía en su desarrollo.

Y qué poco ayuda a su carácter y maduración la crianza machista que lo disculpa por ser sucio, brusco y prepotente. ¡Qué puede esperar un país de los deberes de sus ciudadanos si sus instituciones siguen creyendo que una violación sexual inculpa más a la mujer que viste provocadoramente que al varón que ha perpetrado libremente ese delito! ¡Y cuántos abusos padecidos (de orden sexual inclusive) han callado generaciones de varones por culpa del juicio social!

Asimismo, ¿qué clase de empoderamiento puede provenir de la exoneración familiar de las tareas domésticas, que en rigor conciernen al hijo tanto como a la hija y como a cualquier habitante de una casa? ¿Qué clase de perfeccionamiento personal puede producir la creencia de que el muchacho, luego adulto, se halla totalmente exonerado del deber tan humano de dirigir a sus semejantes comprensión, empatía y ternura? Todo ello no puede sino convertir al varón en un “mutilado práctico y emocional”, incapaz de valerse por sí mismo, de entender al prójimo y de asumir su papel idénticamente responsable en las relaciones conyugales y en la crianza de los hijos.

Como dice Möller-Leimkühler, es revelador que el porcentaje de hombres que recurren al suicidio dobla y hasta multiplica el de las mujeres en diversos países de occidente, lo que, sin duda, tiene que ver con una imagen de masculinidad que inflige a los varones una presión abrumadora. Ellos, dice esta autora, “lidian con sus conflictos emocionales externalizándolos con hiperactividad en el trabajo, haciendo deporte, consumiendo alcohol de forma adictiva, o conduciendo de manera peligrosa para disminuir su ansiedad y para mantener la fachada masculina”.

Y agrega: “la búsqueda de ayuda se ve como un indicador de la falta de masculinidad, así que muchos hombres se convencen de que tienen que resolver sus problemas por ellos mismos y no hablan de lo que sienten”.

Sin embargo, más allá de los estertores que este maligno modelo social muestra en las repulsivas bravatas de ciertos personajes públicos (Trump, Putin, Elon Musk, etc.), vivimos un tiempo de esperanza que no se limita, por ejemplo, a la habilitación cada vez más extendida de cambiadores de pañales de bebés en los baños de varones en centros comerciales y aeropuertos. Yo mismo empiezo a ver en mis alumnos la capacidad para cuestionar lo que hasta hace poco parecía indiscutible.

Una luz prometedora se enciende a lo lejos cuando, en patios de juegos infantiles donde se divierten mis hijos pequeños, veo a cada vez más padres jóvenes que acompañan amorosamente a sus pequeños ejerciendo, así, una inédita paternidad despreocupada y feliz, infinitamente más saludable y natural.

(*) Filósofo, escritor y docente. 

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“LA POBLACIÓN NO HA SIDO EDUCADA O MOTIVADA LO SUFICIENTEMENTE PARA QUE EN LA PRÃCTICA SEAMOS UNA REGIÓN MARÃTIMAâ€

Escribe: Ruy Díaz Sotomayor (*)
Edición N° 1391

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El título en mención, invita a una reflexión profunda sobre varios aspectos relacionados con la educación, la cultura y la identidad de una región costera como Lambayeque. Asimismo, se hace un llamado a la necesidad de una mayor educación y conciencia en relación al mar y su relevancia para el desarrollo regional.

Aunque la frase original pertenece al libro “El mar de Chile”, del autor Jorge E. M. Arancibia, donde señala que: “La población no ha sido educada o motivada lo suficiente para que en la práctica seamos un país marítimo”, el autor sugiere que, aunque Chile tiene una extensa costa y recursos marinos significativos, la sociedad a 1993, fecha de publicación del libro, no había desarrollado plenamente una conciencia o aprecio por su identidad marítima. Esto implicaba que existía una falta de educación y motivación en la población respecto a la importancia del mar en la vida cultural, económica y social del país. En el libro, Arancibia analiza la importancia del mar para Chile, destacando actividades como la pesca, la navegación, explotación de recursos marinos y sobre todo la protección del medio ambiente.

 

Lo que pasó en el sur

Chile comprendió la necesidad del desarrollo por mar y con el transcurrir de los años, ahora es considerado un país con un significativo potencial de desarrollo marítimo, su ubicación geográfica le otorgó ventajas, estrategias para el comercio internacional y la pesca, sectores que son pilares fundamentales para su economía. Asimismo, Chile ha estado promoviendo constantemente políticas para fortalecer su infraestructura portuaria, mejorar su logística y fomentar la sostenibilidad de sus actividades marítimas. El desarrollo de energías renovables marinas, como la eólica y la mareomotriz, también ha cobrado relevancia, posicionando a Chile como un líder en innovación y sostenibilidad en ámbito marítimo después de Brasil.

En cambio, a nivel regional, con el título denominado “La población no ha sido educada o motivada lo suficientemente para que en la práctica seamos una región marítima”, sugiere que, a pesar que Lambayeque es una región con salida al mar, la sociedad no ha recibido la educación o la motivación necesarias para reconocer y aprovechar adecuadamente los recursos y oportunidades que el mar ofrece. Esto implica que hay una falta de conciencia sobre la importancia del mar en aspectos como la economía, la cultura, la sostenibilidad y el desarrollo social.

El llamado a una mayor educación y conciencia en relación al mar, se refiere a la necesidad de implementar programas educativos que informen a la población sobre la importancia del mar, sus ecosistemas y su potencial para el desarrollo económico, social y cultural de la región. Esto puede incluir la promoción de actividades relacionadas con la pesca sostenible, el turismo marítimo, la conservación del medio ambiente marino y el desarrollo de industrias vinculadas al mar.

Además, es importante mencionar que las autoridades anteriores no han mostrado un debido interés durante su periodo de gestión. Esto sugiere que hay una falta de liderazgo y compromiso por parte de quienes han estado en el poder para impulsar políticas y acciones que fomenten una mayor educación y conciencia sobre el mar. “Lambayeque, es una de pocas Regiones donde sus autoridades no están cumpliendo con los lineamientos establecidos en relación a la Políticas de Estado vigentes, seguimos siendo una Región estancada, sin visión de futuro, a la fecha, no existe ninguna obra de impacto regional relacionada al desarrollo de la industria naval; y, las instituciones relacionadas al sector marítimo, no cumplen un papel eficiente (R. Díaz. Políticas para el Desarrollo Marítimo. Diario Regional La Industria. 02 SEPT 2019.); y, sin el apoyo adecuado de las autoridades, es difícil que se logren cambios significativos en la percepción y aprovechamiento de los recursos marítimos de la región.

Dentro de los aspectos relacionados con la educación, cultura y la identidad, los mismos que hacía referencia al inicio del presente artículo, hago mención de lo siguiente:

 

Educación y conciencia marítima

En relación a la educación, se podría señalar que hay una falta de educación especifica que impide que la población lambayecana reconozca y valore su entorno marítimo. Esto podría implicar que las instituciones educativas en general, no están promocionando adecuadamente el conocimiento sobre la importancia del mar, la navegación, la conservación de los ecosistemas marinos y las diversas oportunidades que ofrece el mar para el desarrollo socio económico y cultural. “De allí, la importancia de que la condición marítima esté fuertemente incorporada en el Plan Educativo Regional Lambayecano”. (R. Díaz. Gobernanza Marítima. Diario Regional La Industria. 17 dic 2015).

Con respecto a la conciencia marítima, cabe señalar de manera urgente que la contaminación marítima está ocasionando un gran perjuicio a nuestra región, a la fecha sigue existiendo ausencia al “… realizar las respectivas inspecciones de prevención de la contaminación por hidrocarburos, aguas sucias y basura, debido a que estos tipos de contaminación genera que las Playas de Lambayeque no estén aptas para su uso, como consecuencia, ahuyentan la inversión privada, donde el turismo recreativo y el turismo marítimo aún no tienen un gran apogeo  en las costas de nuestra Región.” (R. Díaz. El mar Lambayecano y su contaminación. Diario Regional La Industria. 31 marzo 2015).

 

Motivación y cultura

La motivación es un factor clave para la participación activa de la población en actividades relacionadas con el mar. Si la comunidad lambayecana no se siente inspirada o no ve el mar como un recurso valioso, es menos probable que se involucre en su preservación y explotación sostenible. Esto también podría reflejar una desconexión cultural con la identidad marítima, dónde la población no se siente parte de una comunidad que valora la proximidad que se tiene con el mar.

 

Desarrollo sostenible

La falta de educación y motivación puede tener consecuencias directas en el desarrollo sostenible de la región. Sin una población informada y comprometida, es difícil implementar prácticas que protejan el medio ambiente marino y que fomenten un uso responsable de los recursos marítimos. Esto puede llevar a la sobreexplotación y degradación de los ecosistemas, afectando tanto a la biodiversidad como a las economías locales que dependan del mar.

 

Responsabilidad colectiva

Es necesario que exista una responsabilidad colectiva, no solo en las instituciones relacionadas al sector marítimo, sino también en los diversos niveles de gobierno, organizaciones públicas y privadas; y, medios de comunicación que tienen y juegan un papel importante en la creación de una cultura marítima. La colaboración entre todos estos actores es de suma importancia para fomentar un sentido de pertinencia y responsabilidad hacia con el mar.

 

Oportunidades económicas

Hay que tener en cuenta las oportunidades que se pierden al no aprovechar el potencial marítimo de la región. La pesca formal, turismo marítimo, investigación marina y otras actividades relacionadas pueden ser motores de desarrollo económico, pero requieren de una población educada y motivada para llevarlas a cabo de manera efectiva y sostenible.

Finalmente, el desarrollo de políticas públicas que apoyen estas iniciativas, así como la promoción de alianzas estratégicas a nivel regional e internacional, permitirá maximizar el aprovechamiento del potencial marítimo, beneficiando no solo a la economía local, sino también al bienestar de las comunidades y al medio ambiente en su conjunto.

 

(*) Ingeniero Naval, magíster en Gestión Pública y egresado de la maestría en Administración Marítima y Portuaria.

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RESTAURANTE TURÃSTICO EL CÃNTARO: 50 AÑOS DE AMOR Y PASIÓN POR LA COCINA LAMBAYECANA

Escribe: Alex Cárpena Burga (*)
Edición N° 1391

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El 12 de marzo de 1975 Juana Zunini Chira y su esposo Agustín Jordán Zapata, empezaron a vender menú en el patio de su hogar, el mismo que preparaba doña Juanita para sus hijos. Así nació la historia del restaurante turístico El Cántaro, ‘la Catedral de la cocina lambayecana’.

Hoy, 50 años después el restaurante sigue funcionando en el mismo lugar, en la calle Dos de Mayo 180 de Lambayeque.

“Cuando abrimos las puertas por primera vez no había un cartel anunciando el restaurante ni una carta oficial de platos, era simplemente la casa de una modesta familia, un espacio donde amigos y conocidos se reunían para departir momentos y claro una buena comida”, nos relata Juana Zunini.

Escuchar y mirar a Juana Zunini, es sentir el olor y sazón de cada plato de comida lambayecana, sus ojos reflejan sentimientos profundos que solo una cocinera de su talla puede describir.   

“Al inicio se preparaba comida casera, saltadito de carne, que no era muy elaborado, era un plato muy sencillo que se preparaba con los ingredientes que había en casa, con la misma dedicación que cocinaba una madre a sus hijos”, describe.

“A mis inicios cocinaba así para nuestros primeros comensales, como lo hacía en casa. Hoy cocino un saltadito y me transporto a mis inicios, con ese mismo amor de una cocinera lambayecana, sin imaginar que algo grande iba a suceder, que me iban a reconocer como una buena cocinera”, agrega emocionada.

Esos fueron los inicios del restaurante El Cántaro, de la mano de Juana Zunini, hija de Luzmila Chira Jaramillo y Pablo Zunini Díaz, quienes le inculcaron tanto a ella como a sus hermanos esforzarse en todo momento.

Ser la hija única casi la obligó a ser cocinera, que en esa época no era un oficio económicamente rentable, pero que le permitió ser la heredera de la sabrosa sazón de su madre y convertirla hoy en el artífice del restaurante emblema de Lambayeque, el Perú y el mundo.

Época dura

Previo al nacimiento de El Cántaro, a su esposo Agustín Jordán le tocó enfrentar la época de la reforma agraria del expresidente Juan Velasco, por ello se vieron en la necesidad de poner un negocio de comida, porque la venta de la leche cada vez era más difícil.

“Fueron los primeros comensales los que me llevaron a la necesidad de seguir adelante con el negocio del menú. Hoy, llegar al restaurante El Cántaro y ver que todos los días encuentras arroz con pato, espesado, cabrito, manías, es sentarme y llenarme de recuerdos que giran y giran en mi mente”, revive doña Juanita.

“Un día, cuando aún trabaja en el restaurante, llegó una pareja de esposos que había vivido hace un tiempo en Lambayeque. El mozo me dice que le habían pedido comer un espesado, pero era jueves. Ese día sentí un pálpito y le pedí que me espere dos horas. El mozo regresó diciendo que esperarían hasta las ocho de la noche si fuera necesario. Preparé el espesado. Luego de ello, los esposos se pararon para agradecerme y el señor besó mis manos. Su esposa me dijo: ‘No sabe cuán feliz lo ha hecho a mi esposo’. A raíz de ese episodio decidimos tener espesado para todos los días de la semana”, describe entre risas la fundadora del imperio gastronómico.

El heredero

Agustín Jordán Zunini, el último de sus hijos fue hizo pactó con las ollas y la cocina, pues hoy es el responsable y fiel guardián de cada una de las recetas de El Cántaro, al ser el único que eligió esa profesión y que al igual que su madre, son los embajadores de nuestra cultura y gastronomía.

Son innumerables las enseñanzas que nos regala su fundadora, así como cada uno de los integrantes de su familia.

Juana Zunini y todos los integrantes de su familia tienen una indesmayable fe y amor por el trabajo culinarios, pero también son reconocidos por ser solidarios. Una parte de lo que Dios les permite cosechar fruto de su trabajo gastronómico es compartirlo con su prójimo. Juana Zunini contagia a su familia para que la acompañen en sus innumerables obras sociales, muchas veces silenciosamente realizan desayunos, almuerzos y cenas que son distribuidas en zonas vulnerables de Lambayeque. Hoy, Agustín Jordán sigue ese mismo ejemplo de su madre, doña Juana.

Hoy, 50 años después, su fundadora no solo se siente orgullosa por lo logrado desde El Cántaro Restaurante Turístico, sino que, además, sus hijos demuestran el gran amor y la misma pasión que sembró en ellos.

La familia del restaurante turístico El Cántaro está de fiesta, los lambayecanos y en especial los que los conocen saben reconocer que, gracias a su esfuerzo, Lambayeque también es reconocido y visitado por cientos de turistas.

(*) Periodista.

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MÃS ALLà DE LA UNIVERSIDAD: EL IMPACTO POSITIVO DEL APOYO DE LOS PADRES EN LA FORMACIÓN ACADÉMICA DE SUS HIJOS

Escribe: Daniel Navarro Sampén (*)
Edición N° 1391

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En la sociedad actual, el acceso a la educación superior se ha convertido en una de las principales metas para las familias, quienes ven en las universidades una oportunidad para que sus hijos logren una formación profesional y, con ello, un futuro prometedor. Sin embargo, al llegar a este punto, muchos padres se sienten distantes o desconectados de la experiencia universitaria de sus hijos, lo cual puede generar incertidumbres tanto para los estudiantes como para ellos mismos. Es crucial reflexionar sobre el rol que juegan los padres en esta etapa tan significativa de la vida de sus hijos, pues, lejos de ser solo un apoyo económico o logístico, su involucramiento puede ser un pilar fundamental para el éxito académico y emocional de los jóvenes.

El proceso universitario no es solo un desafío académico, sino también una transición emocional y social. Los estudiantes se enfrentan a nuevos entornos, nuevas responsabilidades y un sinfín de decisiones que pueden generar ansiedad, dudas y estrés. En este contexto, los padres continúan siendo una fuente de apoyo emocional, aunque el papel que desempeñan debe evolucionar conforme sus hijos crecen y se independizan. A diferencia de los años escolares previos, en la universidad los jóvenes tienen la oportunidad de tomar decisiones más autónomas, pero esto no significa que el apoyo de los padres deba desvanecerse.

Es importante que los padres, en lugar de imponer su voluntad, ofrezcan un acompañamiento comprensivo y respetuoso. Saber cuándo intervenir y cuándo dejar que sus hijos enfrenten los desafíos por sí mismos, es un arte que se va perfeccionando con el tiempo. Si bien el deseo de proteger a los hijos de las dificultades es natural, es igualmente importante permitirles desarrollar habilidades de resolución de problemas, gestión de tiempo y tomar decisiones conscientes. Los padres pueden seguir siendo una voz de confianza, que, sin interferir directamente en las elecciones académicas o personales, se mantenga disponible para orientar y escuchar cuando sea necesario.

La comunicación

La comunicación es clave en este sentido. Los padres que fomentan un diálogo abierto, sin juicios, permiten que sus hijos se sientan cómodos compartiendo sus inquietudes y logros. Al mismo tiempo, es esencial que los padres se informen sobre las dinámicas y exigencias de la vida universitaria para poder ofrecer consejos prácticos y realistas. Las universidades, por su parte, tienen la responsabilidad de crear espacios y mecanismos para mantener a los padres informados sobre los avances y necesidades de los estudiantes, sin invadir su privacidad, pero asegurándose de que los padres puedan involucrarse de manera constructiva.

Además, el rol de los padres en la vida universitaria de sus hijos no debe limitarse a la relación con los estudios. Es crucial que los padres reconozcan la importancia de la salud mental y el bienestar emocional de sus hijos durante esta etapa. El estrés académico, la adaptación social y las dificultades personales pueden generar presión, y es allí donde la empatía y el apoyo emocional de los padres cobran una relevancia incalculable. Sin duda, una familia que entiende los desafíos emocionales y psicológicos que atraviesa su hijo durante la universidad puede ofrecer un respaldo más sólido que contribuya al bienestar general del estudiante.

Un entorno de bienestar

Las universidades, además de ser instituciones encargadas de la formación académica de los estudiantes, tienen un papel fundamental en la construcción de un entorno que fomente el bienestar integral de ellos. Sin embargo, este compromiso no debe limitarse solo a los estudiantes, sino que debe extenderse a sus familias, particularmente a los padres de familia, quienes siguen siendo una de las fuentes más importantes de apoyo emocional y, en un mundo cada vez más interconectado y demandante, las universidades tienen la responsabilidad de involucrar a los padres en el proceso educativo, reconociendo que su rol es clave no solo en los primeros años de vida de los estudiantes, sino también durante su formación universitaria.

El paso por la universidad puede convertirse no solo en una etapa de crecimiento académico, sino también en un proceso de desarrollo personal enriquecedor para todos.

(*) Psicólogo, coach profesional y coordinador de Artes - Bienestar Universitario de la Universidad Señor de Sipán.

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