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LA PENA DE MUERTE Y EL JUEGO DE LOS POLÍTICOS

Escribe: Rosa Amelia Chambergo Montejo
Edición N° 1050

En los últimos días he escuchado con insistencia el pedido de quienes reclaman  nuevamente  pena de muerte para los violadores, pena de muerte para aquellas personas que cometen grandes delitos como asesinatos, homicidios, parricidios, atentados o  también pena de muerte para los corruptos de nuestro país.

 

Inclusive escucho las propuestas de mutilaciones, castraciones y toda medida que ya no se usa en nuestra patria, pero que sí se usaron en el pasado.

 

Sin embargo, debo señalar que en el Perú no se puede aplicar la pena de muerte porque en 1978 el Estado ratificó el Pacto de San José, un documento bajo el nombre de la ‘Convención Americana sobre Derechos Humanos’ y que durante el gobierno de Alberto Fujimori se pretendió anular.

 

Este tratado internacional tiene dos puntos importantes que no permiten la pena capital en nuestro territorio.

 

El primero es que “la Convención impide a los países extender la pena de muerte para delitos que no estuvieran ya contemplados con anterioridad en sus territorios” y el segundo señala que “ningún país puede interpretar la Convención para limitar la libertad de sus ciudadanos".

 

Se debe señalar que cuando el Perú ratificó el pacto, la pena de muerte estaba vigente para “traición a la patria en caso de guerra exterior”, “homicidio calificado” y otros supuestos. Sin embargo, la Constitución de 1979 solo mantuvo la pena por “traición a la patria”.

 

Por esto, por asesinato y violación no se puede aplicar la pena de muerte. Para aplicarla se debería renunciar al Pacto de San José (que genera que el Perú quede sin la protección del Sistema Interamericano a los Derechos Humanos) y también modificar la Constitución de 1993.

 

En el Perú hay mucha injusticia, no es un secreto que se violan sistemáticamente los derechos humanos y, por lo tanto, hay miles de casos todavía esperando justicia en la Comisión Interamericana.

 

No hay excepción en sentenciar que la violación es un crimen repudiable que no solo daña físicamente, sino que quiebra la fibra más íntima y la dignidad misma de una persona. Por ello, en nuestro país, como en todo el mundo, la pena de muerte para este delito ha sido una propuesta que data de hace muchos años, pero que no es la solución para estos abominables delitos.

 

Recuerdo que en el 2006, durante el segundo gobierno del expresidente Alan García, se planteó esta pena para sicarios y violadores de menores de edad que causen la muerte. El proyecto del Ejecutivo para reformar la Constitución e implementar esta medida fue rechazado por el Congreso de aquel entonces.

 

Las violaciones a menores están cobrando cada vez mayor número de víctimas, tanto así que el Perú está posicionado en tercer lugar a nivel mundial, porque el 75 % de los casos de violación quedan impunes a pesar de que el 35 % de estos son denunciados ante las autoridades. Además, la mayoría de estos casos son realizados por familiares cercanos de los niños dañados, lo que representan alrededor del 67 %, a lo cual deberían ponerse penas más severas para contrarrestar este dilema que, en muchos casos, tiene un desenlace fatal.

¿Quiénes se oponen la pena de muerte?

 

Lo explicaré así: La Iglesia Católica y es que el catolicismo, que es la religión predominante en nuestro país, se basa en la moral. Defiende la vida del ser humano, “ya que Dios nos dio la vida y, por ende, las personas no pueden decidir sobre ella”, y porque contravendríamos al quinto mandamiento: “No matarás”

 

En las últimas semanas el papa Francisco declaró sobre la pena de muerte considerándola inconcebible. Asimismo, mencionó su posición sobre la cadena perpetua y la calidad de vida en las prisiones. “Es imposible pensar que los Estados no dispongan de otro medio que no sea la pena de muerte para defender del agresor injusto la vida de las demás personas”, señaló el Sumo Pontífice.

 

Con esto se busca que los Estados intenten otras alternativas a la pena capital; no obstante, considera la cadena perpetua como un similar. “La cadena perpetua como una sentencia a muerte escondida”.

 

¿Qué dice sobre la pena de muerte la sociedad civil organizada?  En su mayoría cree que con la pena de muerte se disminuirá la creciente tasa de criminalidad, disuadiendo a los delincuentes de que lo hagan. Sin embargo, está comprobado que en nuestra sociedad no sería un paliativo eficiente, pues en el mundo las estadísticas así lo señalan.

 

Creo que ya no es un secreto decir que las leyes dadas en el Perú para disminuir la delincuencia muchas veces tienen sanciones marcadas por la corrupción, de este modo aquellos criminales que por su alta peligrosidad no deberían ser absueltos de alguna sanción quedan en libertad para poder seguir infringiendo la ley.

 

El Estado y los gobiernos de turno deberían preocuparse por la integridad emocional de los menores que son maltratados, pues está comprobado que la mayoría de delincuentes tienen secuelas de los abusos sufridos en su niñez, lo cual desarrolla su potencial criminal.

 

Además, debemos reconocer el deficiente sistema judicial y penitenciario, ya que mientras que al primero se le critica por no dar las leyes lo suficientemente severas, el segundo no cuenta con un eficiente sistema carcelario, dado que no cumple con su misión de reformar a los reos. Esto se debe a que las cárceles no se encuentran aptas para albergar a la creciente cantidad de condenados, por lo que no se les puede dar ni la calidad de vida ni atención psicoterapéutica para reinsertarlos en la sociedad.

 

Para ello se deberían reformular algunas leyes para que sean más estrictas y trabajar, en conjunto con la empresa privada para construir nuevas y modernas cárceles que satisfagan las necesidades requeridas.

 

Por lo tanto invoco a los políticos a no jugar con las expectativas de la gente. La pena de muerte no será factible en nuestro país. No hablen de ella con finalidad política y proselitista, no manipulen con discursos mentirosos que prometen terminar con la delincuencia. Más bien preocúpense en educar a la población y en trabajar la prevención, para lo cual invoco a los padres de familia, a los maestros, a la ciudadanía en general a abrir foros y poner en debate los temas de familia.

 

Desafortunadamente hay tanta ignorancia y desinformación que quienes abren el tema de la pena de muerte en el país les permite tener como seguidores a muchas personas que se dejan llevar por aquella manipulación de lenguaje y toman como aceptable esta posición con tal de que se cumpla lo dicho. 

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